Hay una frase que escuché alguna vez en terapia y que con el tiempo cobró mucho sentido: “La ansiedad es una gran guionista, pero una pésima adivina”.
Es capaz de escribir las historias más aterradoras sobre nuestro futuro, convencernos de que no somos suficientes, hacernos pensar que cualquier logro es cuestión de suerte y susurrarnos al oído que, tarde o temprano, todo lo bueno terminará. Y lo peor es que, cuando vivimos mucho tiempo con esa voz, dejamos de cuestionarla. Empezamos a creer que esa narrativa es la realidad. Pero no lo es.
Y pocas canciones de country han logrado retratar esa batalla interna con tanta delicadeza como “Rainbow”, de Kacey Musgraves.
La canción apareció en 2018 dentro de su álbum Golden hour. El disco le dio a Kacey el Grammy al Álbum del Año.
Musgraves ha contado que escribió “Rainbow” pensando en cualquiera que estuviera atravesando por una etapa difícil. Habla de esa nube que a veces se instala únicamente dentro de nuestra cabeza. De esos días en los que cuesta creer que volverá a salir el sol, aunque el cielo ya esté empezando a despejarse.
La frase que lleva el ADN de esta canción es: “The sky has finally opened, the rain and wind stopped blowing”.
“El cielo por fin se abrió; la lluvia y el viento dejaron de soplar”.
No dice que nunca volverá a llover, dice que esta tormenta terminó.
Durante mucho tiempo pensé que sanar significaba dejar de sentir ansiedad para siempre. Como si algún día despertaras y esa voz crítica simplemente desapareciera. La realidad es mucho menos espectacular... y mucho más esperanzadora.
Sanar no es silenciar la ansiedad. Es dejar de creerle todo lo que dice. Es entender que puede volver a tocar la puerta. Que quizá habrá días complicados otra vez. Pero también saber que ya conoces el camino de regreso. Que ya aprendiste a distinguir entre los pensamientos que nacen del miedo y los hechos que suceden frente a tus ojos.
Porque la ansiedad suele hacernos vivir en un futuro que todavía no existe, fracasos que jamás llegan y errores que probablemente nunca cometeremos.
Nos convence de que no merecemos el amor que recibimos, el trabajo que tenemos, los sueños que estamos cumpliendo o los momentos de paz que aparecen de repente. Nos hace creer que todo es demasiado bueno para ser verdad.
Y entonces dejamos de disfrutar el presente por estar preparándonos para una tragedia imaginaria.
No importa cuántas veces hagas bien las cosas; siempre pensarás que fue casualidad. Que cualquiera podría haberlo hecho. Que tarde o temprano descubrirán que no eres tan capaz como creen.
Pero la realidad dice que trabajaste.
Que aprendiste.
Que te equivocaste y volviste a intentarlo.
Que cuando llega un momento bonito, no hace falta justificarlo.
Sólo vivirlo.
“Rainbow” no promete una vida sin tormentas. Promete que incluso después de la lluvia, seguimos siendo capaces de reconocer un arcoíris.
Kacey Musgraves nunca escribió esta canción para decirnos que todo estaría bien para siempre.
La escribió para recordarnos que los días difíciles no son permanentes y que los buenos tampoco deben vivirse con culpa o con miedo.
Que cuando la calma finalmente aparece, también merece ser habitada.
Porque después de tanto tiempo sobreviviendo dentro de nuestra propia mente, creerle a la realidad cuando la realidad es buena es un acto de valentía.
Y quizá esa sea la verdadera enseñanza que esconde “Rainbow”.
No luchar contra cada pensamiento oscuro que aparezca.
Sino recordar que las tormentas pasan, los cielos vuelven a abrirse y que, cuando el arcoíris aparezca frente a nosotros, no hace falta preguntarnos si lo merecemos.
Basta con levantar la vista... y disfrutar sus colores.