Hay artistas cuya muerte duele simplemente porque fueron famosos. Pero la despedida de Dolly Parton duele, porque durante más de seis décadas consiguió algo que muy pocas personas logran en una vida: hacer sentir mejor a quienes nunca la conocieron.
Hoy el country está de luto. Pero, curiosamente, mientras pensaba en cómo despedir a Dolly, ninguna de sus canciones más famosas llegaba a mi cabeza. No fue “Jolene”. No fue “I will always love you”. Ni siquiera “Coat of many colors”.
La canción que no dejaba de sonar en mi mente era “Light of a clear blue morning”. Y creo que entender por qué. Fue publicada en 1977 dentro del álbum New harvest... first gathering pero en realidad comenzó a escribirse mucho antes, cuando Dolly atravesaba uno de los momentos más difíciles de su carrera. Había tomado una de las decisiones más dolorosas de su vida: separarse profesionalmente de Porter Wagoner, el hombre que la descubrió, la llevó a la televisión nacional y se convirtió en su mentor. La ruptura terminó incluso en una batalla legal y Dolly llegó a describir esta canción como su “canción de liberación”, porque sentía que después de años de incertidumbre, por fin las nubes comenzaban a abrirse.
Por eso la primera estrofa es tan poderosa: “It’s been a long dark night, and I’ve been waiting for the morning…” (“Ha sido una larga noche oscura y he estado esperando que llegara la mañana”).
Creo que todos nos identificamos en algún momento de nuestras vidas con esa frase cuando pasamos esas noches en las que creemos que la oscuridad será permanente.
Dolly siempre escribió desde un lugar muy particular. Nunca negó el dolor.
Pero tampoco permitió que el dolor escribiera el final de la historia. Más adelante canta: “Everything’s gonna work out just fine” (“Todo va a salir bien”). Qué frase tan sencilla.
Y qué difícil resulta creerla cuando estamos atravesando una tormenta.
Sin embargo, si alguien podía decirla con autoridad, era ella. Dolly Parton nació en una familia humilde de las montañas de Tennessee. Escribió miles de canciones, vendió más de cien millones de discos, abrió caminos para las mujeres en el country, construyó un imperio sin perder el sentido del humor y dedicó buena parte de su fortuna a causas como la alfabetización infantil a través de su Imagination Library, que regaló millones de libros a niños de todo el mundo.
Su legado nunca se limitó a la música. También enseñó que el éxito no sirve de mucho si no mejora la vida de alguien más. Y quizá por eso hoy no siento que el country haya perdido una voz. Siento que ganó una eternidad. Porque hay artistas que dejan canciones. Pero Dolly dejó compañía. Sus letras están presentes cuando alguien pierde un amor. Cuando alguien deja su hogar. Cuando alguien necesita volver a creer que la mañana llegará.
Y qué curioso. Justo este año, para celebrar su cumpleaños número 80, Dolly decidió volver a grabar “Light of a clear blue morning” junto a artistas de distintas generaciones como Reba McEntire, Lainey Wilson, Miley Cyrus y Queen Latifah, destinando los beneficios a la investigación del cáncer infantil. Era como si quisiera recordar que la esperanza también podía cantarse entre varias voces. Hoy esa decisión adquiere un significado completamente distinto. Porque su voz seguirá acompañando a nuevas generaciones, incluso cuando ella ya no esté físicamente aquí. Y ese es el verdadero ADN de esta canción.
No promete que la vida será fácil. No promete que nunca volverá a llover.
Promete algo mucho más importante. Que ninguna noche es eterna. Y que siempre vale la pena esperar la claridad de una nueva mañana. Hoy despedimos a Dolly Parton con el corazón apretado. Pero también con una inmensa gratitud.
Gracias por enseñarnos que la humildad puede convivir con el éxito. Que la generosidad también puede ser un legado. Y que, incluso cuando el cielo parece cubierto de nubes, siempre existe la posibilidad de mirar hacia arriba… y descubrir la luz de una mañana completamente despejada. Buen viaje, Dolly.
Gracias por dejarnos tantas canciones. Y, sobre todo, gracias por enseñarnos a seguir creyendo que después de la noche más oscura siempre vuelve a amanecer.