Bienvenidos al ADN del Country. Hoy quiero hablarles de la sensación de adultez que de pronto nos sobrepasa y nos provoca ese pequeño lapsus infantil en el que decimos: “Ya no quiero ser adulto, ya no quiero ejercer como adulto”, y pedimos a gritos que regresen esos momentos de niños en que no teníamos preocupaciones por pagos que realizar, horarios laborales que cumplir y el estrés de realizar en tiempo y forma todas las obligaciones que tenemos.
Este fin de semana conocí a un señor de 74 años, originario de Washington, que escribe sobre viajes y cultura para The Washington Post. Por cuestiones laborales tuve la fortuna de convivir con él, tiene exactamente la edad de mi papá y me bastaron unos minutos de conversación para descubrir que teníamos muchísimo en común.
Hablamos de música, intercambiamos canciones, recordamos películas de los años 40 y 50, compartimos nuestro gusto por viajar y por descubrir nuevos sabores. La conversación fluyó con esa naturalidad que solamente aparece cuando dos personas encuentran una pasión compartida.
Pero hubo algo que me llamó especialmente la atención: su jovialidad. A sus 74 años conserva esa curiosidad que muchas veces creemos exclusiva de la juventud. Las ganas de conocer, de escuchar, de sorprenderse, de conversar con desconocidos y de seguir descubriendo el mundo.
Y entonces pensé, ¿será que el verdadero secreto de la juventud no está en los años que cumplimos, sino en las cosas que todavía nos emocionan?
Esas pláticas me llevaron a pensar en una canción que Tim McGraw lanzó en 2004: “Live like you were dying”, que podríamos traducir a “Vive como si estuvieras muriendo”.
La canción fue escrita por Tim Nichols y Craig Wiseman, quienes encontraron inspiración en historias de personas que después de enfrentar la posibilidad de morir, comenzaron a mirar la vida de una manera completamente diferente.
Entre esas historias estaba la de un hombre que recibió un diagnóstico médico equivocado y pasó varios días creyendo que su vida estaba por terminar. Lo que provocó que los compositores se preguntaran: ¿Qué haríamos diferente si supiéramos que nuestro tiempo es limitado?
Cuando la canción llegó a manos de Tim McGraw, el cantante atravesaba uno de los momentos más difíciles de su vida. Su padre, Tug McGraw, reconocido beisbolista de las Grandes Ligas, había sido diagnosticado con cáncer cerebral y falleció en enero de 2004.
Por eso, aunque Tim no escribió la canción, encontró en ella un significado profundamente personal. El tema se convirtió en uno de los mayores éxitos de su carrera, permaneció siete semanas en el primer lugar de la lista country de Billboard y obtuvo importantes reconocimientos, incluidos dos premios Grammy.
Pero más allá de los números, lo extraordinario está en su mensaje. La canción cuenta la historia de un hombre que después de recibir una noticia devastadora decide comenzar a vivir de una manera distinta. Se atreve a experimentar nuevas aventuras, pero también aprende a amar con mayor profundidad, hablar con más dulzura y perdonar.
Y es precisamente ahí donde encuentro el ADN de esta rolita. Porque vivir intensamente no necesariamente significa lanzarse de un avión, escalar una montaña o recorrer el planeta entero.
A veces significa sentarnos a conversar con alguien que acaba de entrar en nuestra vida. Escuchar una historia sin mirar el reloj. Compartir nuestra canción favorita. Probar un platillo desconocido. Hacer preguntas. Aprender algo nuevo. Permitir que una persona completamente distinta a nosotros nos muestre otra manera de mirar el mundo.
La frase que da título a la canción, “Live like you were dying”, nos invita a vivir como si fuéramos conscientes de que nuestro tiempo no es infinito.
Y después de mi encuentro con Skip, el señor de 74, yo quisiera agregar algo: vivamos también como si todavía nos quedara muchísimo por descubrir; conocerlo me recordó que no tenemos por qué dejar de hacer amigos conforme crecemos. Que las generaciones pueden encontrarse en una canción, y que las diferencias de edad desaparecen cuando la curiosidad y el entusiasmo se sientan a la misma mesa.
Hoy atesoro nuevas historias, sabores, música y recuerdos. Pero, sobre todo, esa satisfacción difícil de explicar que dejan los encuentros inesperados.
Y es que al celebrar una de las tradiciones más importantes de nuestro país como es el Día de Muertos, en donde recordamos a todos nuestros seres queridos que ya no estén con nosotros, creo que la verdadera celebración debería ser la de estar vivos y cuidar a quienes nos acompañan, para cuando trasciendan efectivamente recordarles con la gratitud de haberlos topado en el camino.
Y si algo nos enseña “Live like you were dying” es que no hace falta esperar una mala noticia para comenzar a vivir con mayor intensidad.
Que nunca nos falten las ganas de hacer amigos, de aprender, de escuchar historias y de emocionarnos con aquello que nos apasiona, de amar intensamente.
Porque los años seguirán pasando, eso es inevitable. Y mientras conservemos la curiosidad, siempre habrá una canción que compartir, una conversación por comenzar y un nuevo rincón del mundo por descubrir.
Tal vez de eso se trate vivir como si no hubiera un mañana: de no dejar para mañana las pequeñas cosas que hoy pueden hacernos sentir profundamente vivos.