De Agustín del Castillo y la crisis del periodismo

Ciudad de México /

“La prensa (periodismo) nació como contrapoder en las democracias y morirá con ellas. Las dictaduras son otra cosa”: Agustín del Castillo, periodista que brega como tal y nos ofrece “Diez apuntes sobre la crisis del Periodismo”, sí, con mayúscula lo pongo, pues no hay que perder de vista a quienes usan el periodismo para fines ajenos, y el Periodismo, aunque ideal o romántico para algunos, pero que se lo tienen como referencia fundamental en muchas y muchos periodistas para no perder el rumbo con pseudo o artificiales periodismos.

El pasado 13 de diciembre, en el Paraninfo “Enrique Díaz de León” de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Agustín del Castillo, junto con otras compañeras y compañeros, fue reconocido y premiado por su labor periodística como parte del “Premio Jalisco de Periodismo 2023”. Él recibió el perimo en la categoría Crónica, ese género periodístico poco o casi no desarrollado por periodistas, pero que está en la naturaleza básica del periodismo, contando historias a partir de hechos. Un género difícil, “literatura bajo presión”, como lo definió Susana Rotker (1954-2000).

Agustín Bernardo Del Castillo Sandoval, que ronda los 35 años en la profesión periodística, puso su atención en diez puntos, momentos antes de recibir el premio, como “Apuntes sobre la crisis del periodismo”; apuntes provocadores, que invitan a retomarlos, a discutirlos en lo público y en lo privado, entre y con periodistas, pues si la crisis es un cambio, se está a tiempo para dilucidar y construir rutas novedosas que reivindiquen, fortalezcan el servicio social, comunitario, humano del periodismo.

Agradezco a Agustín, compañero, amigo, junto con todas y todos aquellos que hemos recorrido la pasión del periodismo desde Siglo 21, Público, Milenio Jalisco, Cosa Pública en Notisistema, Extra Muros UNIVA en DK 1250, así como un ya sin número de alumnas y alumnos de comunicación en la UNIVA e ITESO, hoy periodistas, el haberme compartido sus “apuntes”, los que comparto íntegramente, pues así él los expuso, con la deseo que sean pie para una discusión y debate, siempre tan necesario:

“1. El principal síntoma de la crisis contemporánea del periodismo es la pobreza de los géneros. Se hacen muchas noticias, notas, todos los días, pero pocas entrevistas, sobre todo de fondo y no se diga de semblanza. El reportaje se mantiene como el género rey, pero tampoco tiene mucho espacio porque implica dejar tiempo y destinar recursos para su elaboración. La crónica, que periódicamente es declarada desierta en este concurso de periodismo, no es ni siquiera procurada, y se desestima la gran cantidad de tiempo y los recursos estilísticos que se necesitan para conseguirla.

2. El periodismo busca competir con las redes sociales, y particularmente, con los llamados influencers, entre quienes hay de todo: lo peor es aquellos que disfrazan de periodismo propaganda descarada y rumorología nacida en el poder, el institucional o el fáctico. Es una guerra que jamás podremos ganar y que nos ha tendido a envilecer

3. La sociedad desprecia a los periodistas, y eso no es ninguna novedad. Es uno de los oficios más incomprendidos del mundo. Y no es que sea deseable el desdén, pero si ha de ser, que sea por las buenas razones: respeto a los hechos, distancia crítica, y que la crítica sea lúcida y no diatriba (como dijo Octavio Paz). No se trata de necear en no dar la razón al poder, a los poderes, pero sí, en desenmascararlos, en desnudar sus simulaciones, en exhibir sus mentiras. Una crítica sólida también reconoce lo que está bien, pero ojo, la noticia enfatiza lo que está mal porque para eso se inventó el periodismo, para poner el dedo en la llaga a las sociedades autocomplacientes que no asumen su naturaleza conflictiva, plural, caótica e imperfecta. Para las democracias, pues.

4. Los medios de comunicación son empresas casi siempre privadas, pero gestionan un bien público que es la información y un derecho, la libertad de expresión: a hablar y a que sea publicado lo que digo. Bajo esa premisa no se puede soslayar ningún tema ni actor a pretexto de una línea editorial. La línea editorial es cómo veo al mundo, pero no cómo lo deben ver los demás. El derecho de la audiencia prima sobre el de la empresa, porque paradójicamente es la naturaleza de esta empresa.

5. Los gobiernos siempre, y muchos poderes fácticos que van desde iglesias hasta sociedad civil, sobre todo en los países sin tradición democrática y sin Estado sólido, son enemigos naturales del periodismo. Como tales, van a buscar controlar la información y la opinión libre por medio de los recursos públicos o privados de los que dependen los negocios mediáticos. Los gobiernos demócratas en Estados sólidos también dan recursos a los medios, pero no los condicionan.

6. Los medios, aunque los normalizadores intelectuales del autoritarismo populista insistan machaconamente en la conjura de la industria, no son un poder político, y si pretenden tal cosa, es peor para ellos. La prensa nació como contrapoder en las democracias y morirá con ellas. Las dictaduras son otra cosa.

7. La falta de una ley reglamentaria para la asignación de recursos a los medios, los cuales son ejercidos de forma discrecional por los gobiernos, sobre todo por los ejecutivos, demuestran de forma palmaria que ningún gobierno de ningún partido, en Jalisco y en México, ha querido soltar esa sartén por el mango que tienen para presionar a los medios y violar su libertad profesional, para capturar su línea editorial, para castigar a los que se salen del huacal.

8. Necesitamos reinventar el periodismo diario, hacerlo sólido, profundo y serio. Solamente un periodismo que de verdad trascienda el día a día será una herramienta útil para los ciudadanos. A partir de ahí está la tarea de estos: garantizar la solidez financiera de los proyectos periodísticos.

9. El periodista como tal no es militante ni de las causas políticas ni de las causas sociales. Su trabajo es valioso no solo porque le da espacio y voz a los que no la tienen, sino porque revela secretos y visibiliza también a lo que muchos llaman lobo, pues cuenta historias complejas y esto contribuye a un debate serio e informado que no obligue a tomar los callejones sin salida en que los políticos y los poderosos nos pretende meter para legitimar y decisiones ventajosas para sus intereses. Por eso necesitamos seguir desmontando la mentira, la media verdad, la posverdad y ‘los otros datos’, que, si bien siempre han existido, son consustanciales a la demagogia y al populismo que hoy nos gobiernan.

10. El periodismo no es un apostolado o un martirio. Sería cómodo porque los héroes aparentemente no comen y se les puede exigir lo que sea. El periodismo es una profesión y requiere de profesionales. Y los profesionales que piensan en cómo van a completar la renta o la despensa, el vestido o la educación de los hijos, tienen menos tiempo y menos cerebro para ejercer.

Corolario: No seamos ingenuos con el poder. Maurice Joly lo dijo hace más de 150 años en ese clásico de la literatura política que es Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu. La voz es la del maestro florentino, admirador de César Borgia: ‘Puesto que el periodismo es una fuerza tan poderosa, ¿sabéis qué hará mi gobierno? Se hará periodista, será la encarnación del periodismo’. ‘Hoy en día, utilizar la prensa, utilizarla en todas sus formas, es ley para cualquier poder que pretenda subsistir’. ¿A poco no nos suena familiar?”.

Agustín, ¡gracias!


  • Rubén Alonso
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