M+.- El caso de Ximena Guzmán y José Muñoz transita por la delicada línea del duelo político: una pérdida trascendente, recordatorio de asignaturas pendientes en la vida pública y de nuestro compromiso de encontrar justicia para todas aquellas quienes han sido víctimas.
Mantener este expediente abierto de forma rigurosa y técnica es el mecanismo institucionalizado para garantizar la eventual transformación del dolor colectivo en certeza jurídica y pilar para el fortalecimiento del Estado de Derecho.
Cuando la violencia toca la militancia histórica, afable, inteligente y cercana a la segunda figura nacional del obradorismo, el agravio civil se convierte en un corte transversal a la biografía de la izquierda gobernante en la Ciudad de México. En la conferencia encabezada ayer por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, a casi un año del crimen, la narrativa reflejó este estado de transición. Es evidente el avance y al mismo tiempo los pendientes, así como la inquietud política y emocional respecto de la tragedia criminal.
Existe un despliegue interinstitucional significativo, también reconocimiento a lo que falta por conocer y, por supuesto, detener a los autores intelectuales. Ahí puso Brugada el énfasis al cuestionar: “¿quiénes fueron y por qué?”.
La politóloga Wendy Brown, en su obra Estados del agravio: Poder y libertad en la modernidad tardía y políticas del dolor, ha explorado cómo algunas pérdidas colectivas se transforman en melancolía cuando los proyectos de cambio ven interrumpida su continuidad por traumas sistémicos. El duelo político, a diferencia del privado, exige una ritualización pública y respuesta institucional para asimilar el daño.
El asesinato de nuestros queridos Ximena y Pepe, por la naturaleza del ataque —un operativo planificado con 20 días de anticipación, el uso de al menos siete vehículos y el despliegue de una célula criminal compleja—, está situado en una categoría de impacto inevitablemente a considerar.
La intervención de Brugada combinó una solemnidad dolida con un compromiso mantenido relacionado con la memoria de la trinchera compartida. Apeló al cuadro político indispensable, los afectos y las batallas comunes. “Con Pepe luché más de 35 años, codo a codo, por la transformación de esta ciudad”, y “a Ximena la conocí hace 15 años y siete años trabajamos juntas intensamente”.
Desde una perspectiva estrictamente analítica, los datos presentados por el secretario de Seguridad Ciudadana, Pablo Vázquez, y la fiscal, Bertha Alcalde, muestran una metodología rigurosa y avance en la desarticulación operativa de la célula sujeta a las órdenes de un grupo del crimen organizado. Lo pendiente pesa y seguirá guiando la investigación.
Hay capacidad de respuesta para interrumpir la inercia de la impunidad. Nos falta, dolorosamente, justicia hasta llegar a la detención de responsables y conocimiento del móvil.
¿Detendremos a quienes ejercían mando y liderazgo? Es ahí donde el duelo político transitará hacia el cierre. Descubrir quién ordenó el crimen perpetrado el 20 de mayo del 2025 es paso indispensable ante una herida abierta. Que duele e impulsa.