Esta semana tuve la oportunidad de asistir a la Feria Internacional de Franquicias, realizada en el World Trade Center de la Ciudad de México. Más de 300 marcas reunidas en un mismo lugar presentando oportunidades para quienes están pensando en iniciar un negocio.
Eventos como este buscan responder una pregunta clave para cualquier emprendedor: ¿Intentarlo solo, a tu ritmo y con libertad, o arrancar dentro de un modelo que ya fue probado?
Entre conferencias, stands y conversaciones con empresarios, hubo una frase que capturó muy bien el espíritu del evento. La compartió Lidia Quezada Osornio, directora del evento:
“No hay que emprender en solitario; también puedes hacerlo con el respaldo de una marca.”
La frase parece simple, pero encierra una reflexión profunda para cualquiera que esté pensando en iniciar un negocio. Después de recorrer, observar y constatar de primera mano el nivel de impacto de un evento como la Feria Internacional de Franquicias, puedo confirmar algo: no es una frase cliché ni romanticismo empresarial. Es una posibilidad real para emprender.
Durante años hemos normalizado la figura del emprendedor que empieza desde cero. El que construye su marca, su producto, su proceso y su mercado con sus propios recursos.
Pero el ecosistema empresarial también ofrece otra ruta, comenzar con un sistema que ya pasó por las etapas que a muchos emprendedores les cuesta años descifrar.
Eso es lo que propone el modelo de franquicias, iniciar un negocio con un sistema que ya fue probado en el mercado, con un producto validado, una marca posicionada, procesos operativos definidos y estrategias comerciales que han demostrado funcionar.
En México, el modelo de franquicias se ha consolidado como una de las formas más estructuradas de iniciar un negocio. Diversos estudios del sector muestran que la tasa de permanencia de las franquicias supera significativamente la de muchos negocios independientes durante los primeros años de operación.
Pero integrarse a una franquicia también implica algo que a muchos emprendedores les cuesta aceptar. operar dentro de un sistema, con manuales operativos, lineamientos de marca, procesos definidos y decisiones estratégicas que no siempre están en tus manos.
En contraste, iniciar un negocio desde cero ofrece algo muy atractivo para muchos emprendedores, la libertad total. Pero esa libertad también viene acompañada de una responsabilidad igual de grande, descubrir por tu cuenta el producto, el mercado, los procesos y el modelo de negocio.
La pregunta es: ¿Qué tipo de emprendedor quieres ser?
Más que una decisión filosófica, es una decisión estratégica. La clave está en encontrar el camino que te permita vender diferente, vender mejor y convertir tu negocio en una inversión rentable en el menor tiempo posible, ya sea desde cero o dentro de una franquicia.
Los negocios siguen necesitando algo que ninguna franquicia ni ningún emprendimiento puede evitar, personas que sepan vender. No importa si la playera que llevas puesta es la de una franquicia o la de tu propia marca, al final hay que salir a sudarla, con la disciplina de vender todos los días y la capacidad de trabajar en equipo para hacer que un negocio crezca.