¿Te has dado cuenta de que, a pesar de todas las mejoras y capacidades que ofrece la inteligencia artificial para crear imágenes, videos y textos, todavía existen materiales en redes sociales con baja calidad, mal enfocados o que parecen grabados con un Sony Ericsson de principios de los 2000? Eso pasa porque, cuando una comunidad está realmente interesada, no siempre sigue al contenido mejor producido. Sigue al contenido que le importa.
Llevamos meses corriendo de un lado para otro comparando modelos de inteligencia artificial. Incluso llevamos la conversación a tratar de descubrir qué foto, video o texto fue creado con IA.
El punto no debería ser qué modelo de inteligencia artificial te ayuda a producir más o mejor contenido, sino qué contenido logra reunir personas alrededor de una marca, una causa, una conversación o una forma de pensar.
Hoy, menos del 10% del universo de usuarios sociales puede considerarse creador de contenido, ya sea de forma indirecta, aficionada, profesional o como marca. Pero ese porcentaje empieza a crecer porque la IA redujo una de las barreras más importantes: producir.
Lo que antes requería un equipo completo, ahora puede hacerlo una sola persona con una inversión de 20 dólares al mes. Por eso la ventaja competitiva ya no está solamente en producir, porque producir se está convirtiendo en una capacidad cada vez más disponible para todos.
La nueva escasez, incluso más difícil que la atención, es la comunidad. Conseguir una visualización puede tomar segundos. Conseguir un seguidor puede tomar minutos. Pero conseguir que alguien regrese voluntariamente durante meses o años es otra historia y requiere más allá de invertir en una licencia de IA.
Lo cual nos regresa a una pregunta que existía mucho antes de ChatGPT:
¿Cómo se construye una comunidad en redes sociales? Esa que comparte una forma de pensar y no solamente un interés pasajero.
Porque una comunidad no es una colección de likes ni un grupo de personas reaccionando con emojis. Una comunidad aparece cuando las personas comienzan a reconocerse entre sí alrededor de una idea, una filosofía, una causa, una identidad o una forma de ver el mundo.
Señales de que estás creando comunidad
Primero, un indicador sería la calidad de las preguntas que te hace tu comunidad. Si te formulan preguntas profundas, que los llevan a entender mejor tu propuesta o su propio contexto, eso es señal de un vínculo real.
Segundo, observa la continuidad de participación. No sólo que comenten una vez, sino que regresen, dialoguen entre ellos, o hasta complementen ideas en varias conversaciones.
Tercero, y quizá un poco más tangible, que tu comunidad no sólo te consuma, sino que co-cree. Es decir, cuando tus propios seguidores aportan ideas que incluso se integran en tus contenidos o productos.
La IA puede ayudarte a ordenar esas señales, pero la comunidad nace cuando la marca decide escuchar, responder y construir con criterio propio.
Aparentemente cualquier persona que se lo proponga ya puede generar imágenes, videos, campañas, anuncios y contenidos con una calidad aceptable. Pero nadie puede generar una comunidad con un botón. ¿Tu marca está creando contenido o está construyendo comunidad?