Arcón de Hipatia

“Para cambiar el mundo es necesario cambiar la forma de nacer”.

Sarai Aguilar Arriozola

Violencia obstétrica es un término que provoca que más de un profesional de la salud o institución se sienta incómodo. Un tema casi desconocido en general para la mayoría de la población y poco difundido, pese a que está asociado con la maternidad tan venerada en este mes, mayo. Presente pero invisible, una violencia sin nombre, pero con rostro.

A pesar de ello, sus efectos los sufren miles de mujeres al momento de dar a luz, sin nombre porque lo que no se nombra no se verbaliza y no exige nuestra atención. En 2014 la Organización Mundial de la Salud publicó un documento en el que denunciaba el trato irrespetuoso y ofensivo que recibían muchas mujeres durante el parto, si bien excusaba que la gran mayoría de las personas que la presenciaban o ejercían no eran conscientes de ella. Pero no se atrevían a ponerle nombre como tal.

Fue en 2019 que la ONU la visibilizó como tal a través de su Informe enfoque basado en los derechos humanos del maltrato y la violencia contra la mujer en los servicios de salud reproductiva, con especial hincapié en la atención del parto y la violencia obstétrica. El objetivo de la relatora especial Dubravka Šimonović era “concientizar” sobre la violencia contra la mujer, sus causas y consecuencias.

Ahí se analiza la cuestión del maltrato y la violencia contra las mujeres en los servicios de salud reproductiva con especial hincapié en la atención del parto y la violencia obstétrica, así como las causas profundas y los problemas estructurales que deben afrontarse para luchar contra estas formas de maltrato y violencia.

Para Charo Quintana, ginecóloga y miembro del Comité́ Técnico de la Estrategia de Atención al Parto y Salud Reproductiva del Ministerio de Sanidad de España, la resistencia al término está fundamentada en la normalización cotidiana de la violencia que llega a un nivel institucional: “aceptar que existe un maltrato generalizado, sistémico, estructural de las mujeres y de los recién nacidos durante el parto, el nacimiento y el puerperio. Una violencia que también padecen los profesionales que la presencian o ejercen (El País 25/09/2019)”.

El Comité de Expertas del Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belém do Pará en América del Sur ha sido el primer ente en reconocer la violencia obstétrica como violación de los derechos humanos.

Es increíble que incluso en el momento de dar vida exista violencia. Que en lugares tan íntimos como una sala de parto tengamos que luchar contra la violencia institucionalizada. Se vive a menudo el silenciamiento por miedo, por vergüenza o por la duda de si se le dará validez al relato de las víctimas.

Michel Odent, un notable obstetra que ha defendido el parto con la menor intervención necesaria siempre en el contexto de la ciencia, resume en una frase la importancia de eliminar la violencia obstétrica: “para cambiar el mundo es necesario cambiar la forma de nacer”.


Por Sarai Aguilar Arriozola*

@saraiarriozola

* Maestra en Artes y doctora en Educación. Coordinadora del Departamento de Artes y Humanidades del Centro de Investigación y Desarrollo de Educación Bilingüe UANL.

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