No creen en el feminismo, pero lo responsabilizan de todo aquello que sucede en la esfera geopolítica y social. Esto parece ratificarlo la diputada española Cayetana Álvarez de Toledo.
Conocida por sus constantes críticas a todo, menos a las causas de sus allegados, Álvarez de Toledo arremetió contra las feministas usando de bandera la represión iraní.
Para ello, publicó en sus redes: “Yo acuso a las falsas feministas de izquierdas que callan ante la matanza de mujeres por los ayatolás del velo. Aplaudo que Europa reconozca por fin a la Guardia Revolucionaria iraní como organización terrorista. Y abrazo a la valiente @AlinejadMasih y al heroico pueblo de Irán, que lucha por su libertad. Y por la nuestra”.
Esto no es una novedad. La diputada del PP apenas hace unas semanas había aprovechado la revuelta en Venezuela para arremeter contra Podemos utilizando el feminismo como bandera.
Exaltó a “las heroicas revueltas en Irán” de “mujeres feministas de verdad traicionadas por la izquierda” y de ahí aprovechó para cargar contra Podemos: “Su feminismo acaba donde empieza la financiación iraní”.
Al margen de que las acusaciones del financiamiento iraní y Podemos son un caballo de batalla que no ha sido comprobado, el objeto de este texto no es emprender una defensa airada de algún partido político, sino resaltar lo contradictoria que resulta la cruzada que ha emprendido la legisladora contra el feminismo.
Pero, por desgracia, no es la única. Las polarizaciones políticas de los últimos tiempos han propiciado que se utilice la agenda social del feminismo como excusa para atacar al propio feminismo. De tal manera que, ante cualquier hecho de violencia que implique a una mujer, se le cuestionará a las feministas cuál es su participación pues si la víctima es mujer se les hace poca la indignación que las feministas puedan expresar. Pero cuando se ejerce justicia hacia el agresor, también las mismas personas que pedían que las feministas se manifiesten las tachan de provocadoras.
Llama a la atención en el caso específico de la diputada Alvarez, quien exige tan vehementemente posicionamientos y no posea el mismo nivel de autocrítica. Recientemente surgió una polémica en el Partido Popular de Madrid por un caso de posible encubrimiento de acoso sexual y laboral dentro del equipo local de esa organización en Móstoles. Altos cargos de ese partido minimizaron o intentaron disuadir a la víctima de presentar denuncia; la oposición ha pedido explicaciones y dimisiones, criticando la falta de acción y transparencia. Pero Cayetana calló. Por lo visto las demandas de justicia social de la diputada duran mientras le convengan. Indignación selectiva que llaman, ¿verdad Calle-tana?