Cumbres borrascosas: ¿apropiación artística o fanfic?

Ciudad de México /

Parecido con el libro… #NotFound. Esta frase de redes aplica ala perfección para “Cumbres Borrascosas”.

La película dirigida por Emerald Fennell y protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi ha generado controversia por sus cambios al clásico literario, escenas explícitas y decisiones de casting, provocando fuertes opiniones entre críticos y fans.

Al parecer Fennel decidió que sólo quería utilizar el nombre de una obra literaria hipersexualizada a manera compensatoria de la trama descafeinada.

Pues si a Disney se le ha criticado por racializar y problematizar al infinito sus películas, Fennell decidió exactamente lo contrario. La novela de Emily Brontë tiene como personaje principal a Heathcliff, un huérfano adoptado por la familia Earnshaw a la que pertenece la hija Catherine, con quien termina creciendo. Con el paso del tiempo ambos desarrollan un amor intenso y destructivo.

Sin embargo, Catherine decide casarse con el noble Edward Linton para asegurar su posición social. Tras ser humillado, Heathcliff se marcha y regresa años después con fortuna, decidido a vengarse de quienes lo despreciaron. Sus acciones afectan no sólo a Catherine, sino también a la siguiente generación, prolongando un ciclo de resentimiento y venganza que define el futuro de ambas familias.

Pero este huérfano no es rubio, ni de apariencia delicada. Por el contrario, en la obra nos da indicios de que pudiese tratarse de algún niño gitano, y en más de una ocasión se contrasta su apariencia, ruda y tosca, con la fina y agraciada apariencia del joven Lincoln. El amor que se describe en la novela no es la historia romántica que se anhela para un estreno de 14 de febrero. Pues la historia entre Catherine y Heathcliff es lo que hoy en día quedaría descrito como una codependencia, tóxica y destructiva. Asimismo, el personaje principal femenino dista mucho del arquetipo de la heroína de una novela de amor. Pues en el libro Cathy es una mujer que busca su propia conveniencia, sin importar el daño emocional que pueda causar, incluso a aquellos a quienes ama o la aman.

Pero esto resultaba demasiado disruptivo. En la defensa de su creación, la productora ha señalado que ella no buscaba poner en escena una versión de Cumbres Borrascosas, sino que es la interpretación que ella dio del libro, el cual leyó cuando tenía 14 años y si esto se revisa de manera simplona tiene una lógica.

Borges y otros cuantos han hablado de la importancia de la obra, no desde el mensaje que el autor o creador comunica, sino de aquel que se apropia y genera el público, no como mero espectador, sino como participante y creador.

Pero Fennell no se apropia de la obra, sino que se ampara ante su título para presentar un panfleto. Ahora bien, debe quedar claro que es válido querer hacer una película taquillera, pretendidamente romántica y no reflexiva, que sea redituable. Lo que se critica es llamar apropiación artística a lo que bien se pudo llamar un fanfic. Nadie se hubiera sentido decepcionado por ello.


  • Sarai Aguilar Arriozola
  • Doctora en Educación, máster en artes, especialidad en difusión cultural
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