Los asesinos de la luna: entre el arte y la corrección política

Ciudad de México /

Ya no basta con buscar dar voz a los invisibilizados ni querer mostrar los horrores del pasado. Ahora también las intenciones creativas deben de ser no sólo válidas, sino al gusto.

Esto es lo que algunos reclamos a la más reciente película de Martin Scorsese parecen demostrar.

Aunque Scorsese y su equipo trabajaron estrechamente con muchos miembros de la nación osage en la producción de Killers of the Flower Moon –que sigue los asesinatos reales de integrantes de ese pueblo originario en la década de 1920 después de que se encontró petróleo en sus tierras de Oklahoma–, uno de los consultores admitió haber tenido sentimientos complicados después de ver la película.

La cinta es una adaptación de “Los asesinos de la luna de las flores: Los crímenes en la Nación Osage y el nacimiento del FBI” de David Grann, publicado en 2017. Es una producción de Paramount aunque, tras sufrir problemas durante la producción que inflaron el presupuesto hasta los 200 millones de dólares, los derechos fueron vendidos a Apple para ser su distribuidor internacional. Cuenta con la actuación en los papeles principales de Robert De Niro y Leonardo Di Caprio, dos estrellas habituales en el cine de Scorsese.

Se esperaba que el lanzamiento de la película fuera recibido con palmas por la inclusión de consultores y el uso de otras fórmulas para evitar que se le señalara como apropiación cultural, enfoque racializado y controversias similares. Sin embargo, en el estreno en Los Ángeles, el asesor lingüístico Osage, Christopher Cote, lamentó que la historia privilegiara el enfoque del personaje de Ernest Burkhart interpretado por DiCaprio sobre el de Mollie, protagonizado por Lily Gladstone, quienes conforman un matrimonio en la cinta. Para que el relato fuera correcto, según su postura, debió ser contado desde la perspectiva del personaje de Lily, quien si bien no pertenece a esa comunidad, es de origen nativo, concretamente de Blackfeet y Nez Perce.

La queja ha sido considerada por muchos como válida: diferentes portales han alzado la voz diciendo que una vez más los osages han sido reducidos y su voz acallada por la de un hombre blanco. Reclamos entre blancos, más bien. Pues a los “expertos” de las redes parece no importarle la opinión de los verdaderos nativos. Geoffrey Standing Bear, uno de los líderes de los osages, que ha trabajado con el director durante estos años, ha sido claro en su posición con la criticada cinta y ha señalado que es la primera película que los representa en sus condiciones.

“Esta es la primera película donde la población indígena nativa cuenta su historia desde su perspectiva, con su voz. Una historia que ha mejorado el director de primera clase, un director de fotografía de primera, un diseño de vestuario estupendo”, dice en una entrevista difundida por Cadena Ser.

Para ellos no fue problema que la película no fuese estelarizada en primer lugar por Gladstone, sino, por el contrario, se sienten orgullosos de la actuación protagonica de Lily.

Entonces, si hablamos de apropiación y hombres blancos y visiones patriarcales, ¿por qué invalidamos los verdaderos sentimientos de la comunidad osage? ¿Por qué otros blancos determinan que la cinta no es válida? Y más allá de esa polémica, es hora también de dejar de ver a la industria cinematográfica como una herramienta de reivindicación y recordar que el arte simplemente es, así sin más. Problemas de gente blanca sin duda.


  • Sarai Aguilar Arriozola
  • Doctora en Educación, máster en artes, especialidad en difusión cultural
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