Tan seguro y tan equivocado

Tamaulipas /
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¿Cuántas veces sentimos que algo no está bien sin saber por qué? ¿O confiamos en alguien sin saber exactamente qué nos inspira confianza? Muchas veces decidimos en segundos y después encontramos razones para justificarlo, con una seguridad que rara vez cuestionamos.

En la Universidad de Columbia, Sheena Iyengar y Raymond Fisman organizaron sesiones de citas rápidas. Antes de empezar, los participantes dijeron qué buscaban en una pareja. Luego conversaron unos minutos y eligieron.

Lo que dijeron buscar no siempre coincidió con lo que eligieron. Algunos incluso cambiaron su respuesta para que encajara con las personas que les habían gustado. Decidimos primero y explicamos después.

El psicólogo John Gottman observó conversaciones entre matrimonios y aprendió a reconocer qué parejas tenían más riesgo de divorciarse. La crítica, la actitud defensiva y la evasión decían mucho; el desprecio, todavía más.

Nalini Ambady escuchó grabaciones de cirujanos hablando con sus pacientes. Bastaron 40 segundos de voz, sin que se entendieran las palabras, para saber cuáles habían sido demandados por negligencia. Los demandados sonaban arrogantes y poco interesados en sus pacientes.

Estos estudios aparecen en el libro Blink, donde Malcolm Gladwell explora los juicios que hacemos en un instante.

A eso le llamamos intuición. No es magia ni un sexto sentido. Nuestro cerebro reconoce patrones y recupera experiencias sin que necesariamente seamos conscientes de ello.

Y eso puede ayudarnos o engañarnos.

Con experiencia, podemos entender en segundos lo que a otros les llevaría horas. Pero los prejuicios y las apariencias también pueden convencernos de algo falso.

Pasa cuando contratamos a alguien porque nos inspiró confianza, o cuando confundimos simpatía con honestidad y seguridad con capacidad.

Durante décadas, las grandes orquestas estuvieron formadas casi solo por hombres. Cuando empezaron a hacer las audiciones detrás de una cortina, contrataron a más mujeres. Los evaluadores siguieron confiando en su oído; solo dejaron de ver a quién escuchaban.

Quizá el reto no sea pensar más rápido ni desconfiar de lo que sentimos, sino saber cuándo nuestra intuición viene de la experiencia y cuándo de nuestros prejuicios.

Porque el cerebro decide aunque no nos demos cuenta. Pero no siempre decide bien.



  • Saúl Barrientos
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