Desmontando el uso instrumental del “nazismo” en la agresión rusa

Ciudad de México /
Monumento a la Madre Patria en el Museo Nacional de la Historia de Ucrania en la Segunda Guerra Mundial, en Kiev.Reuters


En vísperas del Día de la Memoria y la Victoria sobre el Nazismo en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), resulta imperativo analizar, desde una perspectiva imparcial, la conflagración más cruenta en Europa desde la Segunda Guerra Mundial: la agresión rusa contra Ucrania. Esta guerra no solo se libra en el campo de batalla, sino de manera incisiva en el ámbito de la información. Uno de sus pilares fundamentales es la manipulación deliberada del concepto de “nazismo” para legitimar la agresión. 

Durante años, la propaganda rusa ha orquestado una serie de narrativas tendenciosas, muchas de ellas dirigidas específicamente a los círculos intelectuales de izquierda y a la clase trabajadora de América Latina. Utilizando el método de la “gran mentira”, teorizado en su día por Joseph Goebbels, el Kremlin reitera acusaciones absurdas con la esperanza de que, mediante la repetición constante, acaben por ser aceptadas como verdades incuestionables. 

A continuación, les presento una refutación argumentada de los cinco mitos más difundidos:

Mito 1: la guerra fue provocada por la expansión de la OTAN y la amenaza a Rusia

Este es el argumento predilecto de Moscú para justificar su incursión, más carece de sustento fáctico.

Derecho a la autodeterminación: Ucrania, como nación soberana, posee la prerrogativa inalienable de elegir sus alianzas internacionales. 

Ausencia de planes reales: ni en 2014 ni en 2022 la adhesión de Ucrania a la OTAN figuraba en la agenda política debido a la falta de consenso dentro de la propia Alianza. 

Resultado contraproducente: si el objetivo de Rusia era el “freno” de la OTAN, sus acciones han precipitado lo opuesto: la incorporación de Suecia y Finlandia, países tradicionalmente neutrales, extendiendo la frontera de la Federación de Rusia con la Alianza en 1,300 kms. 

Inexistencia de “garantías”: el mito sobre las promesas de no expansión de la OTAN fue desmentido por el propio Mijaíl Gorbachov, quien afirmó que en 1990 ese tema ni siquiera fue objeto de deliberación. 

Mito 2: en 2014 se produjo un “golpe de Estado” y los radicales tomaron el poder

La realidad es que la resistencia a la agresión rusa es una causa genuinamente nacional. 

• Legitimidad: en 2014, tras la huida del presidente que ordenó la represión letal de manifestantes, el Parlamento ucraniano, mediante una mayoría constitucional, convocó elecciones democráticas reconocidas por la comunidad internacional. 

• Resistencia popular: la defensa de Ucrania se sustenta en una “solidaridad transversal”, con la participación de todos los estratos sociales, incluyendo antifascistas, anarquistas y activistas de izquierda, como el artista David Chichkan, caído en combate. 

Mito 3: Ucrania es un “Estado nazi”

Esta es la piedra angular del discurso del Kremlin para intentar legitimar la devastación de las ciudades ucranianas. 

• Realidad política: a diferencia de diversas naciones europeas, el Parlamento de Ucrania no cuenta con partidos de extrema derecha; estas formaciones no logran superar el umbral electoral de 5 por ciento. 

• Valores democráticos: Ucrania es una democracia que aspira a integrarse en la Unión Europea. El hecho de que el presidente de Ucrania sea de origen judío hace que las acusaciones de nazismo resulten, por definición, inverosímiles. 

• Memoria histórica: millones de ucranianos combatieron contra el nazismo en las filas del Ejército Rojo. La apología del nazismo está tipificada como delito en el código

penal ucraniano. 

• Manipulación lingüística: Rusia tilda el uso de la lengua ucraniana de “rusofobia” en un intento por perpetuar su hegemonía imperialista. 

Mito 4: en Ucrania se persigue a los rusohablantes

En este punto, Rusia vuelve a subvertir la realidad de los hechos. 

• Legado colonial: durante siglos, Ucrania sufrió la opresión de Rusia, que prohibió la lengua ucraniana en 134 ocasiones documentadas. 

• Renacimiento natural: el proceso de revitalización de la lengua y cultura ucranianas es un acto legítimo de descolonización, análogo a los procesos vividos en América Latina, Asia y África. 

• Manipulación terminológica: Rusia utiliza el apelativo “nazismo” contra cualquier persona que defienda su propia identidad. En su lógica, ser ucraniano significa ser “culpable”. 

Mito 5: Ucrania no existe, es una creación artificial

Esta aseveración despectiva busca despojar de humanidad a la nación para justificar una guerra de conquista. 

• Continuidad histórica: en 1991, Ucrania restauró su independencia que ya había poseído en la época cosaca y a principios del siglo XX. 

• Negación de la identidad: la cúpula rusa califica el idioma ucraniano de “artificial” y la estatalidad de “error histórico”. En esencia, Moscú considera el mero hecho de la existencia de Ucrania como una nación distinta como la “causa raíz de la guerra”. 

La agresión rusa se despliega también en la dimensión de la guerra cognitiva. Mediante manipulaciones visuales y citas descontextualizadas, la propaganda intenta suplantar los hechos con emociones viscerales. 

América Latina posee una vasta experiencia en la lucha contra dictaduras que justificaron la violencia en nombre de “causas superiores”. El auténtico antifascismo consiste en la defensa de los derechos humanos y la soberanía de los pueblos, no en servir de coartada para la expansión imperial. 

La verdad exige responsabilidad: identificar al agresor como tal y a la víctima por su nombre. Ucrania no solo defiende su territorio, sino el derecho universal de cada pueblo a forjar su propio destino.


  • Serhii Pohoreltsev
  • Embajador extraordinario y plenipotenciario de Ucrania; @UKRinMEX @EmbajadaUcraniaMexico
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