Ahhh, es entre ellos…

  • Seguridad ciudadana
  • Sophia Huett

Ciudad de México /

El discurso fácil, cuando hablamos de homicidios y violencia, es decir que es “entre ellos”.

¿Qué quiere decir esta frase? Que los homicidios son entre delincuentes y que, de alguna forma, “importan menos” porque no afectan a gente de bien.

En el supuesto de que los homicidios son entre criminales, que entre ellos “se cobran sus facturas”, se trata igualmente de una tragedia y de una renuncia del Estado de derecho.

En el escenario de la tragedia, podemos pensar en jóvenes, incluso menores de edad, a quienes capta la delincuencia debido a una falta de proyecto de vida, la falsa promesa de tener más dinero, la desatención en su hogar e incluso como una vía para escapar de la violencia.

Esos jóvenes, hombres o mujeres, se vuelven uno “de ellos”: de los que matan o son asesinados en la disputa criminal.

En el caso en el que incluso se les pide a los delincuentes que la violencia sea entre ellos, pareciera ser una renuncia de la autoridad al Estado de derecho. Es decirles: “tan no puedo con ustedes que por fis, ustedes no se metan con la gente”, una fórmula que nunca ha funcionado ni funcionará y la realidad está ahí para constatarlo.

Esperar que los delincuentes se afecten entre ellos no resulta, porque en la búsqueda de más ganancias, comienzan a cometer extorsiones contra la ciudadanía, a crear un monopolio comercial para la compra y venta de ciertos artículos, amenazando a los sectores relacionados, entre otras expresiones de ilegalidad.

Tampoco resulta porque cuando los delincuentes quieren “chantajear” a la autoridad, van contra la ciudadanía, que se convierte en rehén de los intereses criminales. No es por supuesto opción que la delincuencia quiera mandar por encima de las autoridades e imponer su ley y para ello, los castigos deben ser ejemplares.

No podemos ni debemos acostumbrarnos a ese discurso maniqueo, ni como ciudadanía, ni como autoridad.

El día que digamos que lo bueno es que se matan entre ellos y que entre ellos se cobran las facturas y eso nos brinde satisfacción, será la más clara rendición (o contubernio) de una autoridad que juró ejercer el cargo para proteger y servir a la ciudadanía.

Ojalá no normalicemos lo que en absoluto, no es normal, porque estaremos en el punto de no retorno.

Sophia Huett

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