La insolencia perfuma la música puerca. Los modernistas de los 60 curtidos bajo la niebla de bombas de la posguerra, sobrevivían. Una muchachita en su habitación descubrió que su calzado puede ser un manifiesto existencialista, zapatos de punta flotando con aire de nouvelle vague en anfetaminas, el mohair de un nene como armadura dandiesca contra el mundo. Londres admiraba la cultura musical jazzistíca y rockera americana, de ahí se nutrió como sanguijuela el mod. Hijos de la clase obrera, los mods gastaban su sueldo en discos y ropa, práctica aún vigente. En Vespas grasosas huían hacia Brighton para mezclarse con cuerudos rockers. Rude boys creyéndose Bogart, sólo que sin dinero en los bolsillos. No fue una época próspera para todos los sectores, la exclusión social latía como aún late hoy en esta ciudad en la que la periferia es una herida siempre abierta. Patadas al aire, lentas, brazos remando, skanking. La migración masiva jamaiquina del 48 llegó a Londres, Coventry, Birmingham. En Brixton el primitivo reggae embrujó a los jóvenes inmigrantes que mezclaron la cultura caribeña con la moda de blancos proletarios. Los skinheads aún no eran un estereotipo violento, vacío, torpe. La banda The Beat con su estilo two tone fue una respuesta antirracista en una época de crisis. Ghost Town de The Specials fue el himno desolado del hambre y desempleo. América forjaba su historia, no de la misma manera, el garage portentoso de The Sonics retumbaba lejos del dandismo proletario de los mod ingleses. Garage americano: salvaje sonido nacido de la sangre de toda la música negra y rock & roll. En México, con un sonido propio, influenciados o no por la oleada estadounidense y británica sonaban en español con Los Belmont (1962), The Shakes (1965), Los Dug Dugs (1967), también en inglés con The Spiders (1965) y muchas bandas más. Jóvenes con sacos o abrigos de lana bajo el despiadado sol buscaban su identidad, antes de los mods europeos estaban en los cuarentas los pachucos de zoot suit desafiando el racismo de una época demasiado represiva, complicada. Los cafés existencialistas y cantantes de los años sesenta de la Zona Rosa son un recuerdo vivo. El fantasma de Jack Kerouac surcó la oscuridad del opio en callejones de México, se pasea en la calle de Dinamarca buscando el cuaderno que le robaron. El 26, 27 y 28 de junio se celebra en el Salón Bach & el Bizarro en nuestra ciudad la segunda edición del Mexican Mod Weekend. Creado por los salvajes y degenerados coleccionistas de discos Samanta y Mohair Sam, que con su desquiciado concepto musical Chicken Necks! nos dinamitarán con música puerca deliciosa. Pinchará el cronista/coleccionista Alberto Valle (Barcelona), el potente Neil Pacheco desde Frisco, California, será un placer volver a escucharlo, los acompañan gira discos nacionales, entre ellos Moisés Chez (CDMX) que ya lleva más de una década girando surcos. Se acabó mi negroni doble, jamás se acabará el rythm and blues.
Degenere existencial: Chicken Necks!
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Susana Iglesias
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