El polvo se acumula diferente para todos. Norte: entre trenes de humo y fusiles prometiendo libertad, ¿Sur?, hambriento, con los ojos llenos de tierra. Una casa puede ser cárcel, ¿cuántas personas viven presas entre las manos de sus torturadores que otros llaman “familia”? Sus manos dejaron de escribir cuando empezaron a administrarle gotas de olvido y encierro. Nellie Campobello (Francisca Ernestina Moya Luna) con Cartucho (1931) y Las manos de mamá (1937) a través de una narradora niña sigue atravesando nuestros corazones. La niña que recogía casquillos del suelo en Parral, la que vio caer cientos de cuerpos fusilados, al igual que sus personajes se fue sin decirle nada a nadie como Cartucho. La revolución de nuestro país continúa, hace unas noches en una sobremesa, un vasco ultra ignorante llamó “indio” y “sumiso” a alguien, ¿quién le cerró la boca? Estuve a punto, se adelantó un sicario, parándose frente a nosotros, arregló el vendaje de una de sus manos en silencio, el tipejo no dijo nada más. Así es la vida y la muerte en México, alguien se diluye en la polvareda, alguien no regresa. Para algunas infancias las balas fueron o son juguetes. Bailarina, escritora de mortales coreografías. Las manos de su madre, viuda de guerra que curaba heridos, bajo cuya falda el mundo parecía un lugar seguro en medio de tormentas de asesinatos. La ternura suave resiste bajo las noches más atroces. En 1923 llegó a esta ciudad acompañada de su hermana Gloria, se convirtieron en figuras centrales del ballet mexicano, fundaron el Ballet de la Ciudad de México. Nellie dirigió la Escuela Nacional de Danza. Sus coreografías emulaban las cabalgatas villistas, el sonido de las balas, la pólvora, sombreros al aire, fusilados, trenes, fogatas, partitura bélica. En la calle de Ezequiel Montes #128 en la Tabacalera construyó su santuario, Clemente Orozco dibujaba mientras ella ensayaba. Te digo que el polvo se acumula distinto, la ciudad que te acoge entre rostros amables te asesina. Su memoria empezó a fallar, la ambición logró filtrarse bajo el disfraz de afecto. Su alumna Cristina Belmont y su esposo se instalaron en su casa, la secuestraron, le administraron lentamente frascos para deslavar sus recuerdos, sus captores saquearon su valioso patrimonio, ella era coleccionista de arte. Desapareció sin explicaciones de la vida pública. La periodista Carmen Galindo y la poeta Margarita Michelena encabezaron una comisión de artistas para entrar a casa de sus captores en 1984; la encontraron encerrada con llave en un cuarto asqueroso, envuelta en sábanas empapadas de orina, heces, esquelética, ausente, el cuerpo herido, llagas en las manos y muñecas, sus dedos se agitaban. La llevaron a una residencia de reposo, fue muy tarde, murió el 9 de julio de 1986. Cuando todo duerme en la Tabacalera las manos de Nellie se agitan liberadas del cautiverio del silencio. La Revolución Mexicana sin su mirada fiera y lúcida estaría incompleta...
En medio de la muerte se agitaban
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Susana Iglesias
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