Hay personajes en la vida pública que tienen tanto éxito que dejan de tener libertad, por eso los fans de Ariana Grande no se sorprendieron cuando la cantante y actriz anunció que, después de la gira Eternal Sunshine, se tomará un descanso de la vida pública. Hasta ahí, todo normal.
Quienes moríamos por verla en el teatro —Sunday in the Park with George— con Jonathan Bailey estamos decepcionados (hacer Sondheim con esa voz debe ser uno de los grandes agasajos para el público). Pero hay algo más.
En el comunicado en el que nos informaron de esto se toca otro tema que sorprende mucho. Su propio equipo dijo que esta pausa tiene que ver con el escrutinio extremo que su apariencia física ha causado. Y ahí es donde la conversación se vuelve otra, porque por un lado tenemos esta mala manía de opinar sobre cuerpos ajenos, y por el otro, no cabe la menor duda de que el tema ha generado una enorme preocupación entre quienes la siguen, y no sólo por una cuestión estética.
En más de una ocasión ella ha dicho que “esta es la mejor versión de sí misma”, en respuesta a los comentarios sobre su salud y su extrema delgadez. Y debe ser agotador tener que responderle siempre al mundo sobre lo que sólo una sabe de sí misma.
Después de dos años de Wicked, la gira y su nuevo álbum, el descanso es más que merecido. No puedo dejar de preguntarme si la preocupación de muchos de sus fans respecto a su salud habrá tenido algún efecto, con toda la esperanza de que sea algo bueno.
Ariana tiene que promover la cinta Focker-in-Law con Robert De Niro y Ben Stiller, entre otras cosas; si la pausa es lo que necesita para estar bien, todos podríamos apoyar un rato su ausencia. Aunque duela no verla en teatro, entrevistas y el escenario por un tiempo. La salud siempre, siempre es primero. Que así sea.