Bad Bunny no necesitaba del Supertazón para ser el artista más escuchado el año pasado. Pero todo lo que ocurrió ahí —incluyendo los gritos enfurecidos de Donald Trump y de quienes no soportan que les hablen en español— sirvió para algo mucho más importante: poner en el centro de la atención mundial la historia de Puerto Rico, una isla a la que EU ha maltratado, a pesar de ser parte de su territorio.
¿Cuál es el siguiente acto para Bad Bunny? ¿Seguir bailando en su Casita y contando sus dólares? Claramente no solo eso.
Después de ese escenario global, con los reflectores encendidos y la conversación política inevitable, la respuesta depende de otro hit —aunque inevitablemente los habrá— sino otra cosa: unir fuerzas con Residente —activista constante, incómodo y coherente con su propio discurso— y con un grupo de nombres internacionales para usar el cine como vehículo de conciencia. Tienen la mejor, ejem, gasolina posible: el fenómeno que es hoy Benito.
No es casualidad. Residente, por cierto, es primo y colaborador en ocasión de Lin-Manuel Miranda, creador de Hamilton e In the Heights, quien con su padre, Luis Miranda, ha sido parte de un activismo por la comunidad puertorriqueña en Nueva York. Puerto Rico lleva años reclamando espacio en el relato histórico estadunidense desde el arte. Lo hicieron en teatro musical, que brincó al cine.
Ahora les toca a Benito y a Residente —con produccion de Alejandro G. Iñárrittu— llevar la historia un paso más allá. La cinta se llama Porto Rico y fue anunciada como “un drama histórico, épico que abordará la historia colonial de la isla”. ¿Están listos para lo que viene de la mano del primer protagónico de Benito en cine?
Cuando a esa ecuación se suman figuras como Javier Bardem, Edward Norton y Viggo Mortensen, esto deja de ser un proyecto local para convertirse en una coalición cultural difícil de ignorar. Están pasando cosas más allá del entretenimiento y para citar al mismo Hamilton, “este no es un momento, es un movimiento”. Y vaya que lo es.