Hacer un guiño político a un grupo tan numeroso y activista como son los millones de fans de BTS en México podría parecer un acto empático por parte de la Presidencia de México, donde incluso se anunció el envío de una carta al gobierno de Corea del Sur pidiendo ayuda para gestionar más conciertos. Todo esto tras denuncias por venta, reventa y caos en las filas virtuales de Ticketmaster.
El problema es que no hay acto diplomático capaz de arreglar el tema de la reventa. Evidentemente no va a ser el gobierno de Corea del Sur el que termine ese problema que ocurre siempre que hay un evento popular. Tampoco me imagino qué se podría hacer con las fechas de BTS desde las esferas políticas. ¿Se imaginan que desde Asia le pidieran a la 4T que los ayudaran a conseguir más conciertos de Luis Miguel?
Así que, por un lado, la mención de Claudia Sheinbaum no dio satisfacción a los fans, pero sí mucho de qué quejarse a ese otro sector político respecto a la prioridad en los temas como la seguridad o el desabasto de medicinas. De la misma manera, los constantes comunicados de Ocesa condenando la piratería no cambian el hecho de que este es un problema tan endémico, tan organizado y corrupto en nuestro país, que va a requerir mucho más que declaraciones.
Hay demasiadas manos metidas en el sistema y algunas llevan décadas operando impunemente. ¿Qué se puede hacer? Como en todo, es un cambio sistémico que no ocurrirá si las partes no están dispuestas a combatir la reventa. Hay formas de hacerlo, tecnológicas y legales. Y en un evento de este tamaño, donde queda claro que los fans son, literalmente, un ejército dispuesto a denunciar y presionar para que no quede impune el robo que es la reventa, ¿estarán dispuestos a enfrentar todo lo que está organizado de origen para que esto ya no ocurra? Dudoso, pero eso sí sería un fantástico principio.