Tuvimos la oportunidad de ver una de las últimas funciones de The Jellicle Ball en Broadway, la nueva versión e incluso deconstrucción del musical Cats, que prácticamente todo mundo conoce. Y la lloradera de los fans fue más que real. Y, conociendo a varios involucrados con la producción, aún más. Esta es una puesta en escena que ganó tres Tony. Fue amada por la crítica. Tenía ocupaciones altísimas. Iba a terminar al menos en 2027. ¿Qué demonios pasó?
Andrew Lloyd Webber estuvo aquí y reiteró su profunda preocupación por la economía del teatro en Nueva York. Y si así está la cosa en la capital turística de los musicales, hay que decir que quienes se avientan a producir en nuestro país son unos héroes que merecen ser siempre celebrados.
Es verdad que los costos en Broadway se disparan de maneras exorbitantes incluso antes de que se suba cualquier telón. La preproducción, la renta de los teatros, el costo de los sindicatos vuelven esto un asunto serio de números.
Eso para la producción. El público ahora debe luchar con tarifas dinámicas, una ciudad carísima y mucho más. Entonces, si el teatro estaba tan lleno, ¿qué salió mal?
Honestamente, es muy extraño. Andrew Lloyd Webber lamentó que “la economía de Broadway” está volviendo imposible querer producir aquí, y vaya que si alguien en este mundo tiene el conocimiento y los recursos es él. Como en el cine, mucho del secreto aquí, me explican los productores con los que hablé, está en la preventa. Pero es hora de que todas las partes que hacemos teatro y similares en el mundo prestemos atención, porque explicarle a los públicos que ni con esos altísimos costos alcanza no sirve de nada y, en casos así, no mantiene arriba el telón. Insisto. Productores mexicanos: son mis héroes.