Al menos los de los programas nocturnos, porque si le echan un ojo al violento roast de Kevin Hart en Netflix verán auténtica animadversión entre muchos de ellos. Pero, por ahora, en la víspera de la salida de Stephen Colbert de CBS, todos —Seth Meyers (NBC), Jimmy Fallon (NBC), John Oliver (HBO) y Jimmy Kimmel (ABC)— volverán a reunirse para sacar un episodio especial de su pódcast Strike Force Five, ese que hicieron cuando no podían estar al aire por la huelga de escritores.
Mientras las tensiones políticas aumentan y los comediantes —estos en particular— se vuelven el frente más crítico de la presidencia de Donald Trump, la solidaridad entre ellos es notable y aplaudible. O detestable, si es que uno comulga con la derecha estadunidense. O quizá sea más justo sólo llamarla MAGA. Que si la comedia nocturna se ha vuelto más una herramienta política que un descanso, esa es una buena discusión. Mientras tanto, en el evento para anunciar todo lo que viene en Disney (ABC), Jimmy Kimmel se aventó estas joyitas frente a los patrocinadores (y el nuevo CEO).
“El presidente ha intentado joderme dos veces en seis meses… aunque también podrían decir que generé engagement sin precedentes”, dijo, burlándose tanto de él como de las nuevas prioridades de la televisión en general. “Probablemente ningún empleado en la historia ha costado más dinero a su empresa”, se sintió lo suficientemente seguro de agregar, mientras mandaba a su sidekick Guillermo a pedir donativos con una canastita entre los presentes. Claro, en una rutina hecha para vender comerciales que empezó con “No pensé que volvería a verlos”, refiriéndose a su suspensión a finales del año pasado por volverse incómodo para el régimen.
Al menos sabe —y así lo han demostrado— que Disney está aguantando más que CBS y que, aunque siga como kamikaze en su misión cómico-editorial, al menos no está solo.