El Carrusel del Progreso —que aún existe en Disney World— es una de las atracciones que más representan a Walt Disney. Durante la Feria Mundial de Nueva York de 1964 pudo desarrollar y probar nueva tecnología —los audio-animatronics— que marcaría esta atracción, siempre optimista sobre ese “gran y hermoso futuro que nos espera”.
Por eso ha sido controvertido entre fans que ahora vayan a renovarla y traerla hasta el presente. Y es un eco de lo que ocurre con las atracciones clásicas e incluso con las producciones para pantalla: ¿qué se queda igual, qué se reinventa y qué se deja como lo creó Walt?
“Hay lugar para ambas cosas, siempre lo ha habido. La cuestión de cómo equilibrarlas es muy importante. Walt ha sido nuestra guía durante cien años: tenemos que seguir avanzando, presentar cosas nuevas al mundo y tomar algunos riesgos”, nos dijo en una reunión el nuevo CEO de Disney, Josh D’Amaro.
Estas decisiones no pueden ser fáciles. Los fans somos aguerridos y aferrados a lo que hemos amado toda la vida y, para mí, el Carrusel del Progreso es también un recuerdo con mi padre que nunca quisiera ver cambiado.
Por eso fue tan emotivo que Neil Patrick Harris rindiera tributo tras tributo a esta atracción durante el espectáculo de novedades de Disney Experiences. Y al día siguiente escuchar a D’Amaro decir “siempre vamos a buscar ese equilibrio: respetar el legado que significa tanto para la gente, y al mismo tiempo dar pasos grandes y audaces hacia el futuro”, me dejó con una sonrisa.
Los fans podemos estar muy locos, pero debemos entender que alguien tiene que tener las llaves de esos castillos y que “el progreso” no nos permite quedarnos quietos en el tiempo como a veces quisiéramos.