¿Se han fijado cómo estos días estamos rodeados —quizá hasta somos parte— de aquellos que estamos dispuestos a destruir vidas y trayectorias por una diferencia de opinión? Y lo cierto es que no todos los temas, y mucho menos todos los conflictos, fueron creados igual. También es cierto que el internet es para siempre y que no se queda sólo en el plano digital. Me explico.
Cuando alguien es captado en cámara haciendo una tontería y, sobre todo, un abuso de poder, ya es más que común leer en miles de cuentas: “Internet, haz lo tuyo”, lo que realmente quiere decir es averiguar quién es la persona, dónde trabaja y exigir que se quede sin su chamba o modo de sustento. Ahora, hay casos —muchos casos— en los que ésta es una resistencia ante la injusticia y el mal proceder más que efectiva, e incluso loable. Eso siempre ha funcionado así, pero nunca de manera tan directa por parte del público. Y cuando es orgánico y no políticamente gestionado es una gran herramienta de expresión social.
El problema es que no todos los motivos de indignación fueron creados igual. Hay guerras, agresiones a los derechos humanos, violencia contra los animales, crimen organizado… cada uno debe responder a lo que considera más grave.
¿Debemos reaccionar igual ante estas cosas que cuando alguien insulta a nuestro famoso favorito? Las army de BTS hasta “asustaron” a Luisito Comunica por decir que no vio entusiasmo en el medio tiempo del Mundial por las superestrellas del K-pop. Lo mismo pasa con quienes odian una versión cinematográfica de La Odisea que ni siquiera han visto porque el casting les parece woke.
¿Nos estamos viendo? Hay lugar para todos los temas, pero ejercer la misma vehemencia digital para discutir la boda de Taylor Swift que lo que está pasando en el Congo termina robándonos el placer de disentir en tonterías y, peor aún, la capacidad de distinguir las verdaderas urgencias sociales. Hay demasiado ruido y no todo debería arder parejo.