BTS dijo que no a los Grammy este año y sólo hace falta ver cómo ha cambiado la industria de la música para darnos cuenta de que esta fue una decisión más que significativa. La razón por la que “protestaron”, al negarse a que se tome en cuenta su más reciente álbum, Arirang, para la premiación, es porque recién se ha creado una categoría dedicada específicamente al pop asiático. Y eso dice mucho de quién premia.
BTS, junto con Taylor Swift e incluso Bad Bunny, han demostrado que los fans son su verdadero poder en la industria. No los premios, no los ejecutivos y no los críticos. Ellos, que cuentan con su propio ejército de fieles militantes, no están dispuestos a aceptar que los pongan en una sola categoría por su lugar de origen.
La Recording Academy —a través de su CEO, Harvey Mason Jr.— aseguró que lamentaba la decisión de la banda y que la nueva categoría serviría para incluir al pop de esa región del mundo, no para excluirlo de las categorías principales, pero muchos pensamos que los chicos de BTS tienen razón.
Si algo han hecho bien es romper todas las barreras. Las de la geografía, las del idioma. Han dejado claro que no son un nicho, sino mainstream: popularidad global construida con una estrategia perfectamente estudiada y ejecutada. Corea del Sur hace eso mejor que nadie estos días, en la música y en la televisión. Y saben bien que muchas veces se otorga un premio como consolación del otro. No van a participar en esa segmentación cuando ellos no se mueven con esos limitados parámetros.
Es muy interesante porque eso de inmediato nos hace pensar en categorías como “regional mexicana” y “pop latino urbano”, e incluso en los mismos Grammy Latinos, los cuales siempre han sido fuertemente criticados, pero funcionan a su manera.
¿Será que esa manera ha sido una suerte de segmentación que termina afectando a la música en nuestro idioma? Bad Bunny diría que no, pero tampoco encuentro fallas en la lógica de BTS.