El miércoles se llevaron a cabo los Premios Metropolitanos de Teatro en donde empezaron: el Teatro Esperanza Iris. Fue un respiro y una luz de alegría entre, por lo general, un mundo que no quiere abrir paso a las buenas noticias.
Estuvimos en la alfombra roja como parte de la transmisión de la ceremonia y tengo que decirles que no había entrevistado, invitado e incluso miembros de la producción, jurado y ceremonia que no estuvieran impactados por la energía de la llegada a este majestuoso —pero muy difícil para llegar— teatro del Centro de CdMx. Desde el siempre magnifico Daniel Giménez Cacho hasta Mónica Huarte, Alan Estrada y los conductores, Fernanda Castillo y Cesar Enríquez. No terminaría.
Los ganadores ya los publicamos, así que si lo que quieren es una lista de puestas en escena, les invito a ver por ahí y también a los nominados. ¡Eran tantos! Y como bien dijeron en la ceremonia de los premios creativos: “Hay más obras que teatros”. Ver a las multitudes asistir entre la lluvia y las manifestaciones a su cita fue para sacar una lágrima.
Hay un nivel de amor en el gremio del teatro que solo quienes sean parte de él—actores, público, producción, dramaturgos o periodistas— puede entender. La maravillosa noticia es que hay cientos de opciones, más que antes de la pandemia; más que muchísimos años atrás. Hay nuevos productores que se la juegan toda. Están lo veteranos que “no aprenden” y felizmente siguen apostándolo todo por subir el telón. Y si bien hay obras de gran formato que son muy caras de producir, lo cual afecta al precio del boleto, hay muchísimas más que no están fuera del alcance de su público hoy y en el futuro.
No puedo dejar de celebrar tener amigos tan jóvenes que se han acercado por este amor en común. Ahí estaban también. Hacía falta una noche como esta para revivir el optimismo.