M+.- Miranda Priestly, desde su origen en el libro de Lauren Weisberger, siempre fue diseñada como la villana natural de la historia de El diablo viste a la moda. Cuando todo esto empezó —mucho antes de la primera película—, la autora era considerada, al mismo tiempo valiente y tóxica en el mundo de la moda por lo que había escrito sobre su exjefa: Anna Wintour, eterna editora de Vogue, o Runway para los fans de la historia.
Pero la cinta original generó un fenómeno extraño con los años. Agradezcámosle a Meryl Streep por lo que logró con Miranda: con el paso del tiempo, y con los cambios en las sensibilidades laborales y sociales, la “villana” se fue convirtiendo en una especie de heroína para los fans.
Resulta particularmente llamativo en una nueva generación laboral que ya no tolera nada de lo que durante años venía incluido en esos trabajos: hostigamiento, horarios impensables y un nivel de estrés tal que ningún calmante haría efecto. Por más que todos aplaudamos cuando Andy (Anne Hathaway) tira su teléfono a la fuente en busca de libertad, Miranda nunca ha sido cancelada como personaje.
Esos temas regresan con esta nueva película, que no se ajusta a las otras novelas que siguieron a la original.
Pero ¿saben quién sí fue, en los hechos, cancelado dentro de esta historia? Nate (Adrián Grier), el novio del personaje de Andy hace veinte años, quien simplemente no comprendía las locuras que ella tenía que hacer por su trabajo.
Por eso no regresó ni en cameo en la segunda cinta. Por eso aparece en diversas encuestas como “el verdadero villano de la saga”, según el público.
Y eso es en sí mismo un testamento: a pesar de que la jefa fuera un verdadero infierno, el verdadero Diablo reside en otros espacios colectivos.