Por fin se estrena en México la cinta dirigida por Chloé Zhao y ya era hora. Lo digo con todas sus letras, es uno de los filmes más conmovedores que he visto. Y también es una película que no requiere más que de una hermosa —dolorosísima, pero hermosa— historia, actuaciones profundas, dirección sensible y el acompañamiento de la naturaleza de maneras casi espirituales. Basada en la novela de Maggie O’Farrell, la cinta se centra en Agnes, esposa de William Shakespeare, y en la pérdida de su hijo Hamnet.
Aunque el tráiler y lo que ya ha sido publicado revela mucho de la historia, me niego a hacerlo porque tratar de llegar sin una idea ya formada de qué va a tratar esta cinta nos deja hacer la travesía de manera mucho más orgánica con los personajes. Vaya, no se trata tanto de cómo va a conectar con lo que creemos ya saber sobre el dramaturgo inglés más relevante de todos los tiempos sino de lo que hay —no detrás sino desde lo más profundo— que genera las más relevantes narrativas del mundo.
Nadie tiene la menor duda de que todos los premios de actuación deben ser para Jessie Buckley, quien interpreta a Agnes, pero les pido que incluso traten de olvidar eso y se dejen llevar. Sé que les estoy pidiendo que pongan su corazón en la línea y claro que va a doler —es, después de todo, una tragedia—, una que nos acompaña hasta un punto de catarsis y de gracia tan hermoso y relevante que resulta como un bálsamo en tiempos donde blindamos nuestras emociones ante un mundo que no las valora.
Y otra cosa: la historia no ha tratado bien a la protagonista en la vida real de esta narración. No es ficción de revisionismo, es una mirada necesaria a lo que inspira todo lo mejor, que usualmente se queda en las sombras de la historia.