Apenas estábamos celebrando que la taquilla del cine vive su mejor momento desde 2019 —con éxitos de todo tipo regresando a la gente a las butacas— cuando llega una nueva amenaza corporativa que tiene enfrentados a diversos sectores de la industria. Paramount Skydance, en conflicto legal con 12 estados liderados precisamente por California, ya pasó de ser un recurso para “cuidar los trabajos y la competencia de la industria” a un auténtico riesgo de perder más que eso.
David Ellison aseguró que ya tiene el apoyo de su mesa directiva y está dispuesto a mudar los emblemáticos estudios Paramount a otro lado; se habla mucho de Texas o Nashville. Sí, estados en los que la política local coincide más con sus necesidades fiscales y legales y donde —imaginando un mundo al que se muden y aún así se queden con Warner Bros. Discovery— se perdería hasta la mitad de los trabajos, estudios y ecosistema que todavía funcionan en California. Y digo “funcionan” porque es tan, pero tan caro filmar ahí, que cada vez ocurre menos. Cada vez Hollywood es más un concepto y menos una locación.
Si también tomamos en cuenta que cada vez se produce más con una visión global, que vienen los microdramas, el contenido vertical y tantas cosas cambiando en el horizonte, podemos decir que Hollywood está en peligro de abandonarse a sí mismo.
Las cosas cambian, resulta triste saber cuántos trabajos se perderán y cuántas cosas se dejarán de producir no sólo por la fragmentación de lo que conocíamos como La La Land, sino porque aquí la prioridad no es el arte, sino la política y obviamente el dinero. No el de la taquilla, uno mucho mayor que se hace o se pierde en la bolsa de valores.