La caída de Andrés

Ciudad de México /

La historia de la mafia nos ha enseñado que su personaje más notorio — Al Capone — no cayó por asesinatos, robos ni delitos de alto calibre. Al final del día, lo atraparon por no pagar impuestos. Más allá de ser una curiosidad histórica, ese episodio marcó un camino inquietante: cuando los crímenes más graves no logran atravesar los muros del poder, la justicia acaba entrando por rendijas legales y tecnicismos.

Ayer, el hombre antes conocido como el príncipe Andrés de Gran Bretaña — hermano del rey Carlos III— fue arrestado y detenido durante alrededor de 12 horas bajo la sospecha de mala conducta en el ejercicio de un cargo público. ¿Conocen muchos funcionarios inocentes de algo así? Por ahora, ese es el recurso legal con el que el sistema judicial británico —e incluso la propia corona— puede demostrar que dejó de proteger a un hombre cuyos nexos con Jeffrey Epstein fueron tan cercanos como turbios.

Esto va mucho más allá de retirarle títulos, privilegios o residencias. Y con la información que sigue emergiendo día tras día de los archivos relacionados con Epstein, no parece haber marcha atrás para quien durante años fue considerado el hijo consentido de la reina Isabel II. La caída no es simbólica: es legal, pública y profundamente incómoda para una institución acostumbrada a resolver sus crisis puertas adentro.

Al cierre de esta edición aún no se habían presentado cargos formales, pero eso también es parte del proceso, que sigue arrojando nombres asociados a Epstein que cuesta trabajo creer, del mismo modo que es increíble que tantos poderosos continúen con sus vidas sin enfrentar consecuencias similares.

Andrés no debería ser el único en caer. Vendrán años de investigaciones, juicios y — ojalá — una erosión sistemática de la impunidad que durante demasiado tiempo dejó a las víctimas más desprotegidas que nunca.

Eso es lo que no podemos olvidar: aunque las caídas lleguen al estilo Al Capone, la justicia no debe medirse por el tecnicismo que la activa, sino por a quién finalmente sirve. Y esas, siempre, deben ser las víctimas.


  • Susana Moscatel
  • 25 años de periodista y conductora de entretenimiento. Ha publicado tres libros, traducido 18 obras y transmitido el Oscar y el Tony, entre muchos otros. Escribe de lunes a viernes su columna Estado fallido.
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