M+.– Para muchos fue el hombre que cambió las noticias para siempre, pero también fue uno de los principales responsables de crear la televisión premium e incluso la llamada popular sin culpas cuando tomó una estación local, WTBS, y creó —vía satélite— la primera “Superstation”. Años después crearía su imperio de canales de cable, sería el mayor accionista individual de Time Warner e iniciaría con las fusiones más grandes y devastadoras con las primeras compañías tecnológicas (¿se acuerdan de AOL?).
Por otro lado, Ted Turner también fue una de las primeras y más relevantes voces cuando se trata de cuidar al medio ambiente. Sobre todo después de que dejó su imperio mediático atrás. Pero su influencia en cómo conocemos al mundo en estos tiempos seguramente lo acabó sorprendiendo incluso a él en varias ocasiones. Particularmente en cómo su creación: las noticias 24 horas del día a través de CNN, se imitaría, exageraría y eventualmente convertiría.
Películas, deportes (compró equipos deportivos antes que nadie para tener con qué llenar sus canales), caricaturas de antaño… no hubo realmente un límite de lo que Ted Turner —quien falleció este miércoles a los 87 años— logró hacer para el entretenimiento, la información y el deporte; para la conversación y, en gran medida, la realidad cultural que hoy conocemos.
En tiempos en los que los magnates mediáticos son considerados los nuevos grandes villanos del planeta, es curioso recordar que Turner también lo fue en su momento. Hollywood lo veía como un intruso ruidoso, vulgar y peligrosamente ambicioso. La industria tradicional despreciaba esa mezcla aparentemente caótica de viejas películas, luchas, béisbol, caricaturas recicladas y noticias permanentes. Pero el tiempo demostró que ese no sería su legado en absoluto, ya viendo su historia como “un todo” —con todo y sus excentricidades y altísimo perfil público (no en balde marido de Jane Fonda en momentos históricos para ambos).
Cuando lanzó CNN en 1980, la idea de un canal de noticias las 24 horas parecía impensable. Las noticias eran a ciertos horarios: ¿Cómo llenarían tantas horas? ¿Quién soportaría vivir pegado a tragedias y crisis permanentes? (Spoiler: casi todos). Hoy esa idea no solo domina la televisión: domina nuestra existencia completa. Las redes sociales son, en muchos sentidos, la versión definitiva y descontrolada del concepto Turner. El ciclo infinito. La conversación eterna. El breaking news perpetuo. Pero Turner tenía intenciones mucho más completas que simplemente crear interacciones pagadas. Por primera vez había una presencia en vivo en los frentes de guerra. La información era prioridad, mucho más que - como hoy - el comentario editorial a gritos.
Tal vez ahí podemos ver una de las grandes ironías de su legado. Ted Turner ayudó a conectar al planeta en tiempo real, pero también abrió la puerta a la ansiedad informativa moderna. A la sensación de que el mundo siempre se está incendiando frente a nosotros y debemos seguir observando.
También - años antes de que brincaran de un emporio a otro- compró los estudios MGM esencialmente para quedarse con la biblioteca de cintas. Sabía antes que nadie el valor de los contenidos probados. Creó Turner Classic Movies mucho antes de que la nostalgia se volviera uno de los negocios más rentables del entretenimiento. Y sí, muchos se enojaron cuando le puso color al blanco y negro, algo que para muchos cinéfilos era un crimen cultural, pero que él defendía como una manera de mantenerlas vivas para nuevas generaciones.
Turner fue muchas cosas. Un magnate impulsivo, incómodo, ególatra, brillante y absolutamente convencido de que podía cambiar el mundo desde una pantalla. Y lo hizo. Lo mismo donando mil millones de dólares a la ONU porque su gobierno se negaba a pagar sus cuotas, que inventando sus propios Juegos de la Buena Voluntad en plena Guerra Fría para que las potencias compitieran sin boicots, o hasta creando al Capitán Planeta para meterle la ecología en la cabeza a toda una generación.
Quizás por eso resulta imposible no sentir cierta nostalgia por figuras así en tiempos donde muchos grandes corporativos parecen diseñados por algoritmos, relaciones públicas y miedo a equivocarse. Ted Turner se equivocaba muchísimo. Pero también soñaba en grande. Ridículamente grande. Y para quien alguna vez tuvo que sacar a su madre de la ruina financiera que provocó la prematura muerte de su padre, eso no es cualquier cosa.