Ya había escrito aquí acerca de la página doesthedogdie.com, donde uno puede averiguar si los temas que no soportaría emocionalmente aparecen en una cinta o serie. Muchos piensan que es tema de la generación de cristal; otros, como yo, sabemos que hay cosas con las que nuestros corazones no pueden arriesgarse, y me parece muy sano reconocerlo.
También, que esta página lleve precisamente a los perros en el nombre, aunque nos permita revisar cualquier tipo de temática traumática, dice mucho sobre el amor absoluto que les tenemos a esos seres.
Cuando tuve que ver I Am Legend, con Will Smith, por trabajo, padecí un ataque de nervios durante toda la cinta. También por eso amo, pero nunca veré John Wick. Jamás me verán viendo Marley & Me, y el “clásico” Old Yeller me parece un pase directo a conseguir ansiolíticos. Uno de los llantos más largos de mi infancia cinematográfica tuvo que ver con Love Leads the Way, donde nos contaban la batalla de los primeros perros de apoyo visual para ser reconocidos como lo que son: héroes.
Sabiendo el panorama respecto a los amantes de los animales contra quienes los detestan en México, les aviso que vienen dos cintas más donde la supervivencia al lado de un perro —el mejor compañero del mundo— es el tema central.
Tanto en Heart of the Beast (Brad Pitt) como en The Dog Stars (con Jacob Elordi) los perros dejaron de ser un personaje secundario para convertirse en el centro emocional de este tipo de historias.
En este cine los canes no son sólo símbolos de la inocencia, sino compañía, familia y motivo de fortaleza ante las circunstancias más extremas. Es un homenaje que incluso se extiende al Krypto de Superman y Supergirl, y que me tiene conmovida y, a la vez, preocupada por mis emociones ante la pantalla grande, donde no siempre podemos huir de los horrores de la vida real, pero en la que sí se enmarcan los más grandes amores que podemos tener las personas en todo su esplendor.