Matt Damon y Ben Affleck lograron algo muy significativo con su nueva cinta The Rip, que se estrenó en Netflix. En un trato que la compañía de streaming llama “excepción” —y que muchos en la industria esperan sea el primero de muchos— negociaron que se le pague a todo el equipo no solo por su trabajo original, sino con bonos calculados por el éxito en las reproducciones. Van muy bien con eso.
Pero no es la única forma en la que este thriller de acción, que regresa a los amigos a la pantalla, está sorprendiendo. En una entrevista, Matt —con el podcastero Joe Rogan— admitió que ha cambiado la forma de hacer este tipo de cintas por la naturaleza de la plataforma. La gente se puede ir a ver otra cosa con un solo click y, a diferencia del cine —donde muchos no se levantan y se van si se aburren un momento—, en el streaming hay mil opciones más al alcance de un botón. Por eso, la estructura clásica de tres actos —con la gran escena de acción hacia el final— suele invertirse: ahora las películas empiezan con algo grande, atractivo y caro para evitar que el espectador se vaya.
Y aun así, saben que la gente ve la tele con el teléfono en la mano. Eso fue lo más impactante de las confesiones de Matt: les piden reiterar al menos tres veces de qué va la trama para quienes están en la segunda pantalla y no prestan atención suficiente. Ouch. Pero cierto.
No es el caso de todos los cineastas que trabajan con Netflix —un Guillermo del Toro no haría eso con su Frankenstein—, pero en esta nueva era nos estamos adaptando. Me gustó The Rip, pero es evidente que se hicieron concesiones para que este experimento funcionara. Y como sí está funcionando, la pregunta no es si veremos más películas así, sino qué estamos dispuestos a perder en el camino. Porque un cine diseñado para sobrevivir al celular no solo cambia cómo se cuentan las historias, cambia qué tan poco nos exige mirarlas. Eso no debería parecer un avance.