Hoy no se trata de una mujer desde un búnker en Israel reportando a un solo medio de comunicación que se replica en todo México sobre el terror que se siente tener misiles volando encima de una.
Tenemos de todo y en todo el Medio Oriente, pero honestamente, no puedo decir que estamos necesariamente mejor informados.
Hay que tener cierta edad y memoria para recordar ese momento durante la guerra del Golfo —la de 1991— cuando la reportera Erika Vexler hizo que Jacobo Zabludovsky hiciera una pausa y tuviera que decir: “Ah, caray”, antes de exigir absoluta precisión de lo que su compañera estaba diciendo.
Los misiles estaban ahí, los llamados Scuds, y los tiraban del cielo con los Patriots cuando Iraq respondió en batalla al aliado de Estados Unidos durante esa guerra entre Sadam Hussein y George Bush.
Quienes estábamos viendo la televisión en ese momento, cuando ella vociferó el peor temor de todos: “Nuclear”, nunca volvimos a ser iguales. No era correcto, ella afortunadamente se había equivocado por motivos que poco explicaron después, pero no estábamos acostumbrados a que por todos lados se nos dijera que el mundo estaba al borde de otro Hiroshima.
Solo había una televisora privada en México con ese alcance, una que veía prácticamente todo América Latina. Eso en sí era motivo de descontento, pero creo que la pausa y la prudencia de Jacobo en esos aterradores momentos no fue apreciada como debía (apenas cinco años antes había hecho la cobertura más relevante de sus tiempos tras el terremoto del 85).
“No —me dijo mi padre ese día—. Eso no va a pasar”. Y no es que pueda decirles que quedé tranquila, nadie que lo vio quedó tranquilo, pero entendimos que hay que pausar antes de creer todo lo que se nos dice.
Ahora imaginen eso y contrapónganlo a los gritos, la desinformación; las noticias que hoy son falsas a propósito, los influencers atrapados en Dubai haciendo storytime, los intereses ideológicos y comerciales de las cadenas internacionales de noticias.
Disculpen, pero me urge una cultura informativa donde no dudemos que “los Jacobos” de hoy exijan fuentes al aire, no busquen likes en redes con la guerra y hagan pausa ante tanto ruido. Los hay, pero que delirio encontrarles en medio del infierno.