Sabemos que nuestra forma de conseguir la música es completamente diferente que hace 10, incluso cinco años y esto sigue evolucionando. Estos días, sin embargo, ha quedado más claro que no son ni la televisión y ni siquiera la radio la que esta tomando control de la situación.
Los Apple Music Awards son la más clara muestra de ello. El auditorio en Cupertino, donde se llevan a cabo los lanzamientos de la tecnología y contenidos disponibles en la compañía, ese lugar emblemático cuyo nombre obviamente es el Teatro Steve Jobs, fue donde oficialmente se dio el banderazo para que esta compañía, que acaba de reinventar todo su sistema de streaming y distribución de música, comience a entregar los premios que tendrán más relevancia y resonancia en un futuro cercano que los de los canales de videos (y miren que lo dice una auténtica integrante de la generación MTV) o incluso los grandes conglomerados de radio. Ya ni hablemos de las de las disqueras o cualquier otro tipo de “academia” que esté dispuesta a entrarle a esta competencia.
¿El peligro aquí? La precisión de las medidas. Un peligro que se comparte con la competencia, Spotify, quienes acaban de anunciar que lo más escuchado en nuestro territorio todo el año pasado fueron reguetoneros y Luis Miguel (gracias Netflix). Y bueno, YouTube también lleva un muy buen rato en este negocio, organizando todo tipo de eventos alrededor de “lo mejor de la música”. ¿Por qué sería peligroso tener precisión?
Porque, sin la menor duda, lo más interesante, complejo, innovador y valiente no estará nunca en esas listas. Al menos no es sus primeros momentos.
Así que tenemos que preguntarnos nuevamente. ¿Lo más escuchado es lo mejor? No digo esto en detrimento de las nuevas compañías de tecnología que están haciendo un trabajo brutal creando una nueva estructura para el acceso a la música. Lo digo como para que ellos y nosotros consideremos poner sobre la mesa ese cuestionamiento y saber separar.
No es lo mismo el rating que lo que dice un critico de televisión. O la taquilla de una película que las cintas que ganan premios y festivales. Siempre hemos corrido con el riesgo de premiar solo lo más consumido y esa lógica ha impedido que muchas personas tengan una exposición natural a otros grandes géneros e ideas. La radio tuvo y aún tiene presa a esa industria con sus listas de tops que solo se repiten y se repiten, a veces desde un origen corrupto, en otras ocasiones uno orgánico. Pero saben que si escuchamos algo constantemente lo más probable es que la acabemos adoptando.
Aquí la buena noticia: las compañías de tec tienen muchas más herramientas para conocernos y dirigirnos a las cosas que seguramente nos interesarán más, personalmente. Ese mismo conocimiento, que tanto miedo puede darnos, puede ser usado para el bien. Así que veremos qué tan creativa se pone la cosa al definir “lo mejor”. Porque lo más escuchado, eso esta mas que claro.
Twitter: @SusanaMoscatel