Entiendo que para toda una generación Robert Carradine fue el entrañable padre de Lizzie McGuire. Otros lo amamos a través de los años por crear al extraordinario Lewis Skolnick en La venganza de los nerds. Para entonces Robert ya tenía una respetada carrera en el cine, apareciendo en Mean Streets de Martin Scorsese desde 1973. Sí, Robert fue una de esas figuras en tantas de nuestras vidas que quizá dimos por hecho, dado lo presente que siempre se sentía.
Hoy eso ha cambiado. Al menos en este plano. Robert se quitó la vida a los 71 años, después —y esto directo del comunicado de su familia— de “una valiente lucha de Bobby a lo largo de casi dos décadas enfrentando el trastorno bipolar”.
Evidentemente exaltando el amor y la luz que trajo a sus vidas este hombre, es como su familia lo despide. Y lo hacen con claridad: a sabiendas de que esto no era necesariamente del conocimiento público, pero también conscientes de que el cariño que tantos le tuvimos por años puede ser un paso hacia adelante para quitar el estigma de los temas de salud mental y abrir conversaciones difíciles y dolorosas, pero sin las cuales no puede llegar la ayuda, la paz o el descanso.
Es un acto de valor que debe, junto al cariño generacional que le teníamos a Robert, formar parte del legado de un hombre que dedicó su vida a crear personajes inolvidables, incluso —ahora lo sabemos— en medio de sus batallas más privadas.
Estos han sido días en que temas de salud mental y neurológica han acompañado tristes titulares en los espacios en los que hablamos de cine; lo mejor que podemos hacer para ir más allá de la nota o del shock inicial es tomarlos como una oportunidad para aprender un poco más sobre nuestras complejas humanidades. Sobre todo cuando vivimos en un mundo donde lo viral se hace pasar por “la verdad” y el agradecimiento y la compasión terminan siendo víctimas de nuestro propio frenesí por entumecernos con “contenidos”.
Quizá lo más urgente sea detenernos un momento para entender, celebrar las vidas y seguir adelante tratando de ser ligeramente mejores.