Me preocupa un poco la magnitud de la campaña para que Proyecto fin del mundo sea considerada en la aún lejana próxima temporada de premios. Me preocupa porque no podría amar más esa película. Creo que merece ser reconocida de todas las maneras posibles y conozco a mi Hollywood: a la mayoría de los votantes de los principales premios no les gusta que sea tan evidente que la campaña ya está en marcha. Pregúntenle a Timothée Chalamet cómo le fue por expresarlo. Y empiezo a escuchar ecos de compañeros que votan en distintas ceremonias sobre esta hermosa cinta basada en el libro de Andy Weir.
Que si rompen un Récord Guinness con el LEGO de la nave, que si Ryan Gosling habla con astronautas de Artemis, que si se puede imprimir un Rocky en 3D. Todo se vale y me encanta, porque la cinta sigue siendo un éxito en cines y se extendió su ventana antes de llegar a Amazon. Hasta ahora es promoción de una película que lo merece.
Y ahora llega una noticia que me encanta, pero que me preocupa un poco. Se sabe que James Ortiz, quien interpreta al eridiano Rocky —titiritero y voz—, es elegible como actor de reparto. No sólo eso: ya lo promueven para un Oscar especial por “logros destacados”, algo rarísimo. Lo han ganado Toy Story, Star Wars y Roger Rabbit. Y lo merece. Sólo que es demasiado pronto. Falta mucho y la memoria en esta industria es corta. Para enero de 2027, quién sabe.
Porque cuando una campaña empieza demasiado pronto deja de construir impulso y empieza a desgastarlo. Y sería una ironía brutal que tanto ruido termine jugando en contra de algo que sí lo merece todo.