Ashley Tisdale, actriz y cantante que marcó a toda una generación desde High School Musical, contó en un artículo que decidió salirse de un chat de mamás porque le generaba ansiedad, culpa y una constante sensación de comparación. Decidió hablar al respecto y, de paso, prender las flamas del internet.
Los detectives de la red averiguaron enseguida que Mandy Moore, Hilary Duff y Meghan Trainor formaban parte de ese grupo de madres. Casi de inmediato también se supo que Ashley dejó de seguir a dos de ellas en redes (pecado capital y declaración de guerra moderna). No tardó en aparecer la teoría de que todo tenía que ver con las tendencias políticas conservadoras de la actriz —al menos las percibidas— y no ocultaron la felicidad colectiva de tener semejante chisme de vecindad al alcance. Y entiendo la razón.
La salud mental e interacciones sociales a través de las pantallas no son un tema exclusivo de las famosas. Todos tenemos alguna versión de eso, cuidadosamente curada por el algoritmo en nuestras redes. Pocos pueden negar que cuando hay chats sociales, casi siempre existe un subchat que excluye a alguien; en efecto, podemos llegar a comportarnos como en la preparatoria, sin importar la edad que tengamos.
Aunque uno no tenga hijos, nunca falta el chat de vecinos o de ex compañeros de escuela que promete tribu, alianza y acompañamiento, pero termina entregando conflicto y comparaciones indeseadas. Yo suelo querer salirme de esos chats, aunque me agreguen una y otra vez hasta que no queda más remedio que bloquear. Me enojé solo de acordarme.
¿Cómo no identificarnos con este asunto? Nos divierte porque nos vemos reflejados en ese grupo de famosas que, al final de cuentas, viven algunos de estos conflictos modernos tan humanos. La vecindad puede ser enorme, con seguidores de por medio, pero sigue siendo un pueblo chico.