¿Se supone que esto era divertido?

Ciudad de México /
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Después de su cancelación hace tres meses debido a la irrupción de un hombre armado, por fin se llevó a cabo la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca. El regreso de Donald Trump al evento, después de haberlo boicoteado durante todo su primer mandato, dejó escenas que por momentos podrían perfectamente ser la secuela de Idiocracy.

Empecemos por lo fantástico que fue ver al Wall Street Journal y a la corresponsal de CNN Kaitlan Collins recibir reconocimientos. El primero por sus reportes periodísticos sobre lo que se convertiría en los Epstein Files; la segunda por su gran trabajo reportando todo lo que sale desde el gobierno de los Estados Unidos. Dos premios al periodismo que cuestiona al poder, con el propio poder sentado frente al escenario.

Y luego Trump trató de ser chistoso. Ahora, seamos claros: estas cenas siempre han sido espectaculares porque se convierten en uno de los mejores, más intensos y, sí, más extremos momentos de comedia política al estilo del roast.

Stephen Colbert, Seth Meyers y muchos otros convirtieron este evento en una tradición donde el presidente aceptaba ser el blanco de las bromas y, si podía, las devolvía con el mismo humor. Ese formato se abandonó porque… pues Trump. Este año incluso llevaron a un mentalista para llenar ese hueco. Pero nada de eso detuvo al presidente actual de querer usar esa plataforma para atacar a Collins, diciendo que su premio era falso y tratando de burlarse —fallidamente— de su físico. Claro que eso llevó a momentos de una incomodidad que ni Obama tiene… en su más salvaje roast cómico, porque Donald siempre habla así.

La verdadera pregunta consiste en saber si los periodistas presentes se arrepintieron o no de revivir un ritual que antes servía para recordar, con sentido del humor, la importancia de la prensa como la institución que cuestiona y hasta modera al poder. Porque ese era el verdadero protagonista de estas cenas: no el presidente, sino el periodismo capaz de reírse frente a él y, al mismo tiempo, exigirle cuentas.

¿O si ya todo se pierde en un monólogo verborreico del que nadie puede escapar desde hace al menos una década?

Así que sí. Se supone que eso debería haber sido divertido. Tal vez lo fue, pero definitivamente no por las razones correctas.


  • Susana Moscatel
  • 25 años de periodista y conductora de entretenimiento. Ha publicado tres libros, traducido 18 obras y transmitido el Oscar y el Tony, entre muchos otros. Escribe de lunes a viernes su columna Estado fallido.
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