Uno de los tabloides de supermercado más extremos y exitosos del mundo, The National Enquirer, acaba de anunciar una alianza que me pone la sangre fría. En una alianza con una empresa llamada GammaTime comenzará a generar contenidos a modo de microdramas con las historias que tienen en su archivo, uno que, por cierto, cumple 100 años este 2026, pero que no se volvió sinónimo de chisme, paparazzi y sensacionalismo hasta los años 50.
Desde el clásico “Elvis sigue vivo”, pasando por el niño murciélago, hasta el reciente y horrible titular preguntándose “¿Qué tono de piel tendrían los hijos de Harry y Meghan?”, este chismógrafo es uno de los más exitosos y pocas veces ha tenido que sufrir consecuencias reales por exagerar, mentir y arruinar vidas. Ahora comenzarán a contar esas historias a través del formato audiovisual de más rápido crecimiento en el mundo entero: los microdramas para el celular. Ya sea que lo hagan por suscripción o por scrolling natural, el hecho es un ejemplo preciso de cómo la nueva tecnología da vida a muchos de nuestros peores instintos como seres humanos.
Y será un éxito brutal. Si de por sí era de las pocas cosas análogas que no habían perdido a sus lectores con el cambio digital, imagínense qué van a lograr ahora que apliquen todas esas técnicas aprendidas de comportamientos adictivos para captar audiencias —porque ya no son lectores— nuevas. Como negocio estarían locos de no hacerlo. Y nosotros estaríamos perdidos si no somos al menos vigilantes de que no se logre hacer pasar esto que se nos viene encima como verdadero periodismo. De por sí la desinformación es rampante y el morbo y la ira, la gasolina de los algoritmos. No es algo que nadie vaya a detener, así que sólo nos queda nombrarlo por lo que es desde ahorita: un monstruo del clickbait con experiencia y poder de lo instantáneo. No es periodismo. Y el periodismo claro y confiable nunca ha sido más urgente que en estos tiempos. Así que las cosas por su nombre.