Un reality show que sobrevivió 24 temporadas y que terminó un par de años antes de la pandemia no debería ser un documento histórico de cómo tratábamos a las mujeres, pero la vida y las expectativas sociales nos han zarandeado tanto que definitivamente lo es. Hablo de America’s Next Top Model, que ha regresado a los titulares por la serie documental de Netflix.
La serie de tres capítulos —que revisa el reality ideado, producido y conducido por la supermodelo Tyra Banks— tiene suficientes historias de desórdenes alimenticios, crisis de salud mental, abuso y terribles decisiones editoriales.
Es parte de esa nueva camada de documentales que revisan lo que no nos shockeaba hace apenas dos décadas. Top Model regresa a nuestro ecosistema en un momento de tal polarización política y social que hasta los temas de salud y glorificación del crimen han ido y vuelto en ese péndulo de lo que se considera “aceptable” en el trato a las mujeres y lo que no.
En la serie documental recordamos momentos bochornosos, como cuando Tyra perdió el control y a gritos casi mata a una de sus potenciales modelos. O cuando decidieron cambiar de “raza” a las
modelos con maquillaje o el photoshoot donde ellas posaron como hermosas víctimas de homicidios.
¿Impensable hoy en día? Tal vez. Pero si uno ve las tendencias en redes que buscan volver a glorificar la delgadez extrema, anular todo tipo de representación porque les sabe a inclusión forzada o simplemente la glorificación de ciertos estándares de belleza, tal vez este morboso paseo por un reality del ayer nos informe un poco más de lo que imaginamos sobre lo rápido que podemos dejar atrás la razón y a nosotros mismos cuando la presión social se ejerce de manera efectiva.
Qué miedo.