El festival de cine de Tribeca Festival comienza con su fundador, Robert De Niro, sosteniendo en sus comentarios de apertura su desdén por Donald Trump. Nada nuevo ahí, pero sin la menor duda es más que destacable ver cómo sí hay quien —pocos, pero los hay— ya puede darse el lujo de sostener fuertemente sus opiniones políticas sin tener que preocuparse por su carrera. Mismo caso el de Bruce Springsteen, quien fue alabado por ello al empezar las festividades.
Nuevamente, nada nuevo. Pero la pregunta es inevitable: ¿hay manera de diferir políticamente y aun así gozar y consumir el trabajo de alguien? Vaya, yo conozco gente —quizás a mi pesar, pero la conozco— que me reclamó por alabar y entrevistar a De Niro. ¿Ya nos llevamos así?
La respuesta es sí. Ya nos llevamos así. Hay más de un actor a quien temo entrevistar porque sé que no me hablará de su serie o película, sino de temas complejos y políticos, exacerbados por sus puntos de vista. No cuando tengo cuatro minutos con ellos. Vaya, soy tan interesada en la grilla como muchos, ¡pero no da tiempo! Y luego me preocupa que se interprete como si yo comulgara o no con lo que me dicen. Eso no me corresponde; no en una entrevista de espectáculos. Pero el reportero, reportea. Así que venga esa cucharada de política con su película. Aunque sea una comedia romántica ligera. Hablemos del Medio Oriente, pues.
Eso me hace preguntarme: ¿hay un lugar y espacio para todo? Ya no. Todo es política, para bien o para mal. ¿Puedo quejarme de que todos los programas de Tv Azteca hayan respondido a la presidenta de México cuando dijo en la mañanera, con todas sus letras: “No vean Tv Azteca”? No. No puedo. Aunque no sé si el público de Venga la Alegría esté ahí para desenredar matices, con lo frontal que se ha vuelto la confrontación entre política y entretenimiento, esta ya es parte intrínseca de los contenidos.
“El medio es el mensaje”, ¿recuerdan? Así que ni modo: ni festivales de cine, ceremonias de premios o conductores que bailan en la tele se salvan de esta. Y nosotros —el público— mucho menos.