En México y América Latina, la conversación sobre el impacto del multinivel como sinónimo de resiliencia económica ha crecido durante los últimos años. En un ecosistema empresarial que históricamente ha demandado capital, contactos y tiempo, tres recursos escasos para miles de mujeres mexicanas, este sector ha logrado posicionarse como un sistema clave de apoyo, pero, ¿realmente es una nueva plataforma de independencia económica?
La respuesta a esto es menos “romántica” y más estructural de lo que se cree, debido a que emprender en la región no solo es un privilegio, sino todo un reto para millones de personas que se enfrentan a la falta de oportunidad y acceso limitado de crecimiento. Frente a este contexto, el multinivel, un modelo de negocio conformado en un 80 por ciento por mujeres (Asociación Mexicana de Venta Directa), ha logrado posicionarse como un formato accesible en términos de logística, inversión y red de apoyo.
Esta evolución, a diferencia del mercado laboral tradicional, ha atendido necesidades existentes desde hace años al brindar modelos flexibles y escalables, no solo respondiendo a una demanda de independencia económica, sino también a una necesidad social. Para muchas mujeres, este es su primer contacto con temas de liderazgo, negociación, gestión de equipos y visión de negocio.
Y este punto en particular se vuelve un factor clave para entender cómo ha evolucionado el valor de esta industria y el porqué se ha vuelto tan importante en América Latina. En regiones donde el acceso financiero y las oportunidades empresariales son difíciles de encontrar, la industria MLM cumple una función formativa, de empoderamiento y de conocimiento transferible.
Frente a sistemas empresariales que continúan siendo excluyentes con las mujeres, las industrias con perspectiva pueden impulsar el potencial emprendedor femenino. Por supuesto, como cualquier modelo de negocio, el multinivel requiere compromiso, disciplina y una visión de largo plazo, debido a que no se trata de una fórmula mágica, pero sí de una oportunidad concreta en un contexto de necesidad.
Específicamente en México, el multinivel ha permitido el fortalecimiento de la autonomía, la confianza y la toma de decisiones, creando redes donde antes había aislamiento y ha permitido que muchas mujeres pasen de ser consumidoras de la industria a protagonistas activas de la economía.
Integrar a esta industria dentro de estrategias más amplias de desarrollo económico, generar puentes hacia otros modelos de emprendimiento y reconocer su valor como semillero de talento son pasos clave para capitalizar lo que ya está funcionando en un país donde existe una brecha laboral del 28.8 por ciento.
El crecimiento de este modelo de negocios es un síntoma de un sistema empresarial que demanda adaptación, innovación e inclusión. La demanda por ideas de emprendimiento y autoempleo más flexibles hace visible la necesidad de espacios que se adapten a las necesidades productivas y sociales de millones de mujeres en el país.
Y estas demandas necesitan ser atendidas hoy.