Se es o no se es

Jalisco /

Uno puede decidir no ser padre. No hay nada de malo en eso, en realidad. Hay quien lo sabe desde antes de que existan los hijos, hay quien lo descubre después. El asunto es que esa decisión tiene que tomarse antes de que nazca alguien, o bien, asumirse con todas sus consecuencias cuando ya existe. Lo que no aparece en ninguna guía de vida, aunque aquí en México lo hemos practicado con una facilidad insuperable, es irse a michas y michas.

Tener un hijo y a la vez no tenerlo. Aparecer el día del cumpleaños con un pastel y desaparecer durante los 364 días en que ese niño también come, enferma, necesita tenis nuevos y alguien que le ayude con la tarea. Eso no es ser padre. Eso es tener hijos.

La diferencia importa.

Hay estadísticas, tratados, estudios y 4 millones 180 mil hogares mexicanos sin padre presente que lo explican mejor que yo. Jalisco aparece en la lista de los estados con mayor índice de paternidad ausente, de acuerdo con el INEGI. El Registro Civil del estado tiene documentados 239 deudores alimentarios. Solo 239, porque para llegar a ese padrón necesitas haber obtenido una sentencia en firme, esperar más de noventa días de incumplimiento y sortear un sistema judicial que, como denuncian quienes lo han vivido, favorece al moroso cuando tiene dinero o conexiones.

Los legisladores calculan que en Jalisco los padres no aportan nada en unas quinientas mil familias. Uno de los inscritos en ese registro renunció a su plaza en la Secretaría de Educación del estado para que no le descontaran el sueldo. Prefirió quedarse sin trabajo antes que pagar lo que le tocaba a su propio hijo. Así funciona esto.

Lo que protege la Ley Vicaria no es a las mujeres de los hombres en general. Es a los hijos de los padres que usan a esos hijos como carnada para seguir controlando a una mujer que ya no quieren, pero que tampoco quieren soltar. Hacer daño a través de los hijos. Las mujeres tampoco somos santas y hay que decirlo. Existen madres que abren y cierran el acceso al hijo según cómo amanecieron o según con quién ande el padre. Eso también existe, también duele y también está mal. Todos somos producto de una historia larga y muy poco civilizada en estos menesteres. La diferencia está en quién termina cargando con qué. Los números no tienen manera de mentir ni de exagerar sobre eso.

El martes, llegaron a Casa Jalisco los del frente “Soy Papá No Criminal”. Los encabezaba, hay que decirlo también, el Colectivo Nacional de Mujeres por la Igualdad, agrupación que lleva meses siendo la cara pública de un movimiento de padres agraviados por una ley que protege a sus hijos. El antifeminismo siempre necesita una cara de mujer para circular sin que se note tanto.

Marchar por los derechos de la paternidad sin haber cumplido con ninguna de sus obligaciones es como exigir el título sin haber pisado la escuela. El hijo no sabe nada de leyes ni de marchas ni de colectivos de mujeres con vocero llamado Dave. El hijo sabe si su papá estaba o no estaba. Eso no se marcha, no se legisla y no se borra. Eso simplemente se queda.

Nadie los llama criminales por ser padres. Se les llama irresponsables por no serlo. Se es o no se es. Me hierve el buche.


  • Teresa Vilis
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