Prometo que esta será la última vez que toco el tema del Mundial, en un largo tiempo…
Faltan días para que se acabe el gran torneo de futbol. Como despedida, nos cae encima un dato que nadie del negocio quería sobre la mesa. Varios de los cracks que jugaron este torneo, de los mejores del planeta, unos fenómenos con la pelota, son también, algunos, hombres con denuncias de abuso sexual y de violación sin resolver. Y ahí los tienen. Palco, reflector y comercial de refresco.
No es un chisme de vestidores. Hay expedientes. Thomas Partey, de Ghana, carga siete cargos por violación y uno por agresión sexual, de cuatro mujeres distintas, por hechos entre 2020 y 2022. Lo juzgan en Reino Unido hasta 2027. Se dice inocente y anda libre bajo fianza, o sea, metiendo goles. Achraf Hakimi, capitán de Marruecos y galán del Paris Saint-Germain, va a juicio en Francia por una denuncia de violación de 2023, con el procesamiento confirmado el mes pasado. Ryan Mendes, capitán de Cabo Verde, trae denuncia por presunta violación en Nueva Zelanda, y quien lo señala es una traductora que contrató la mismísima federación. Ninguno condenado, va. Todos pisando el pasto, también va.
No cayó del cielo. Es otra piedra en el arroz de un Mundial que ya venía oliendo mal. Las trampas y las movidas alrededor de Gianni Infantino no son poquitas. Ahora le sumamos esta joyita. Con denuncias abiertas y todo, la FIFA los mete en la lista sin ningún empacho. Les preguntaron por uno de los casos y salieron con que toman “muy en serio” cualquier acusación de mala conducta. Ah, caray. Tan en serio que no hicieron nada de nada. Eso sí, siguieron cobrando el boleto carísimo, la playera carísima y hasta el aire del estadio. Para lucrar son bien serios. Para responder, se hacen guajes.
Entonces preguntemos. ¿Esto se vale? ¿No debería quedar afuera cualquier hombre, y más uno famoso, señalado por abusar o violar a una mujer? Ya sé, ya sé, no hay condena, presunción de inocencia. Perfecto. Nadie pide cárcel sin juicio ni linchamiento en la plaza. Lo que se pide es más modesto. Que la institución que reparte la gloria no le preste el escenario, delante de millones de niñas y niños, a un tipo con proceso vivo por violencia sexual. No es tanto pedir. Como decía mi amigo Zul: “Tantita madre”.
El numerito es siempre el mismo. Cuánto tuvimos que aguantar, maquillar y tragarnos para que este Mundial no nos doliera de más. Y aun así, lo que se borra siempre, en automático, son las víctimas. No las de cualquiera. Las víctimas de los poderosos, de los famosos, de los que meten el gol del triunfo. A esas se las desaparece.
¿Será condición humana o pura indolencia para no salirse del jueguito ya jugado? Yo le voy a lo segundo. Olvidar es comodísimo. Olvidar mantiene la caja registradora sonando, el rating arriba y al patrocinador feliz. El talento lava, la fama blinda y la palabra de una mujer, otra vez, pesa menos que un pinche tiro de esquina. Ya casi suena el silbatazo final. Lo único que no se acaba es la maña de voltear siempre pa’ otro lado. Me hierve el buche.