El filtro

Monterrey /
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Muchas ideas vienen a mi mente. Se acercan las elecciones, nuevos partidos, políticos gastando millones en redes, mis hijos votando por primera vez, algunos candidatos ya muy cantados, otros aún sin aparecer y lo que más me preocupa es que nuestras opciones tengan experiencia, calidad técnica y moral.

Quisiera hacer una comparativa con lo que hoy se requiere en el mundo corporativo, especialmente con los líderes que manejan las empresas y llevarlo a la política. Hay tantas exigencias en la iniciativa privada por los retos económicos, la incertidumbre global y las nuevas generaciones, que las empresas están invirtiendo en transformar el perfil de sus líderes.

Hace un par de décadas bastaba con que los directores de las organizaciones fueran muy buenos en lo técnico o en su trabajo per se y dieran resultados financieros. Pero hoy se requiere, porque el mercado y la fuerza laboral lo piden, que sean también personas con calidad humana: solidarios, empáticos, honestos, emocionalmente regulados y coherentes. La lista es larga, pero hoy estas capacidades se toman como un must en los líderes. Si no las tienen, difícilmente pueden competir o retener el talento. Las nuevas generaciones quieren algo más que un simple trabajo: quieren significado, jefes que los inspiren y los involucren en la toma de decisiones.

Volviendo a la vida pública, ¿por qué no exigimos esto mismo a nuestros políticos o candidatos?, ¿por qué exigimos buenos jefes en el trabajo, pero no buenos gobernantes en nuestra ciudad?, ¿por qué exigimos tanto en nuestro trabajo y no en nuestra comunidad?, ¿será la cercanía con la que los vemos? Pensamos que nuestro trabajo diario nos impacta más, pero, ¿qué decir de las horas que pasamos en el tráfico, respirando aire contaminado y enfrentando obras a medio terminar por malos administradores de nuestra ciudad? Al final, nuestra ciudad impacta igual o más nuestra calidad de vida que a nuestro trabajo.

Veo las tendencias a gobernador por Nuevo León y me parece una historia de terror. Aumentar el filtro, exigir más experiencia y, sobre todo, calidad moral, no sólo de nuestros jefes, sino también de nuestros próximos candidatos y futuros administradores de nuestra ciudad.


  • Valeria Guerra
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