Extraño en casa

Monterrey /

Recuerdo que en mi graduación de maestría, del mensaje que nos dio el orador principal, sólo una idea se me quedó grabada: “No piensen en ser importantes, sino en ser útiles”. Útiles a la comunidad, a la familia, en aportar algo al mundo; sigue siendo una necesidad humana, sin importar la edad. Ese deseo de juventud generalmente se vuelve a activar en la vejez.

Los hijos se van y a los 65 años llega la jubilación oficial para quienes han hecho una carrera en una empresa. Llega el momento de volver a cuestionarse: ¿Para qué soy útil? Hoy con la esperanza de vida promedio en México y el mundo de 75 años, y en países y comunidades más desarrolladas de 85 años, queda un gran camino por planear, organizar, administrar, porque generalmente no hay plan para los “siguientes 20 años”.

Empresas privadas ya están tomando el tema como propio, creando programas para apoyar a sus colaboradores a transitar a esta nueva etapa, desde trámites hasta coaches de vida y asesores financieros, pero casi nadie los prepara emocionalmente para convertirse en una persona nueva.

“Soy un extraño en casa”, le compartió un exejecutivo a una psicóloga, quien apoya profesionalmente en estos programas.

Cuarenta años ocupados y ahora de regreso a casa sin ningún plan. De un día se convierten en extraños, sin proyecto u ocupación, ni siendo la prioridad en cómo se planean las comunidades y ciudades, y algunos con retos de movilidad y salud.

México se está haciendo viejo, personas mayores de 50 años ya son la cuarta parte de la población y el 14 por ciento del total son mayores de 60 años (Inegi). Vienen nuevos retos como país, que todos debemos de tomar conciencia: todos vamos hacia allá.

Hay una gran oportunidad de activar a nuestros adultos mayores, a utilizar toda su sabiduría; activarlos y ayudarles a volver a ser útiles. “Chango viejo sí aprende maroma nueva”. Necesitamos crear sistemas que les ofrezcan comunidad, sentirse útiles, trabajos según su edad, nuevos proyectos de vida donde sigan aprendiendo y aportando. Nuestros viejos son eso que más necesitan una comunidad. No permitamos que sean un extraño en casa, sino que sigan siendo tan necesarios como lo fueron toda su vida.


  • Valeria Guerra
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