El mapa político de América Latina ha vivido un giro regional hacia la derecha. Hoy 13 países son gobernados por políticos o liderazgos de derecha contra 10 de izquierda. Este cambio se ha dado principalmente por la inseguridad que han padecido, sumado a los constantes problemas de pobreza que la izquierda no ha podido resolver. Y a esto se le ha sumado una ola de liderazgos con un perfil de salvadores, fortalecidos por la imagen y apoyo del gobierno de Estados Unidos.
Esto tiene relevancia en México, porque estamos a menos de un año de las elecciones intermedias y esta tendencia puede influir en los resultados de los liderazgos que empiecen a aparecer. No son elecciones presidenciales, pero son un termómetro que nos dice qué tan fuerte está la oposición o quiénes serán los perfiles a los que hay que observar.
El autor e investigador argentino Franco Delle Done escribe en su libro Epidemia ultra sobre este fenómeno. Vale la pena meternos a fondo porque esta propuesta política ya no habla de un espectro ideológico como lo era en años anteriores, sino de una propuesta de gobierno en relación a la democracia. ¿Qué tanto ayuda o estorba la democracia para poner orden? Y como ya hemos visto en algunos países como El Salvador, los derechos humanos se han violado en nombre de la seguridad y el presidente Bukele ha cambiado las leyes para mantenerse en el poder hasta el 2033. Según el autor, esta epidemia busca crear más gobiernos estilo empresa, donde un político con estilo de CEO sea quien dirija y utilice los medios democráticos para lograr sus objetivos, muchas veces en contra de la misma democracia.
Estas propuestas han sido exitosas, porque usan el miedo ya existente en la sociedad para hablarle a la gente. Son gobiernos que buscan crear una sociedad homogénea y donde el distinto es el enemigo. Aquí no busco comparar estos gobiernos con los de izquierda, que tampoco han sido una respuesta, sino alertar de las tendencias radicales.
El dilema de fondo es el debate clásico entre la libertad o la seguridad, y han querido normalizar que la democracia no es la solución, sino el problema. Aquí nuestro trabajo es entender estas tendencias y cuestionar si entendemos la democracia como un valor que hay que proteger.