Plan B, ¿ahorrar dinero?

Monterrey /

Gracias al libro de Sheryl Sandberg, Opción B, aprendí que la segunda opción a veces es lo único que tenemos y termina siendo la mejor alternativa. Libro de cabecera, recomendado al 100%, presenta desde la psicología positiva, la opción B como una posibilidad buena, con una solución realista, que funciona y da paz. Pero cuando hablamos de lo que la presidenta Claudia Sheinbaum nos propone como el plan B de la reforma electoral, parece un plan pobre, sacado de la manga, de última opción.

Nuevamente alegan Morena y la 4T que el tema central es el dinero, como si fuera lo único que hay que tomar en cuenta ante una decisión o alternativa de gobierno. Regresan al discurso de su antecesor: “Deshacer los privilegios”. Todo en nombre de acabar con lo que crearon los demás partidos.

Si de algo está orgulloso México y somos reconocidos internacionalmente es de nuestro sistema electoral, ese que nos costó tantos años, marchas, huelgas de hambre y lucha ciudadana. El INE fue producto de expertos, políticos dispuestos a crear un sistema y país democrático, y de mucha historia recorrida de tener un solo partido en el poder. Quisimos y luchamos por la alternancia política, la experimentamos y apenas cuando íbamos avanzando hacia un país democrático regresamos, sin medir las consecuencias, a tener un solo partido en el poder.

El deseo de Morena claramente es regresar al pasado a eso que tanto critica, a la época de un solo partido, a tener el “carro completo”. ¿Ahorrar dinero, su principal preocupación? Si ese fuera el caso se enfocarían en las pérdidas diarias de Pemex, en los gastos de la pasada elección judicial, que como vimos por la gran abstención, no era una prioridad para la ciudadanía.

Lo más preocupante de la nueva reforma, aunque se pretende disminuir los privilegios de los congresos locales y los cabildos con algunos casos que les dan la razón; exceso de regidores o costos exorbitantes por legisladores locales, es intervenir en la arquitectura de los estados y municipios, fortaleciendo el centralismo a costa del federalismo.

La reforma electoral no es prioridad, como tampoco lo fue la judicial. Es sacrificar lo técnico, por lo político, es seguir con el plan de su antecesor: buscar más poder.


  • Valeria Guerra
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