Bacterias Benéficas

Ciudad de México /

De manera natural existen microorganismos que son benéficos para la salud. Estos microorganismos los podemos encontrar en diferentes productos o materiales como los vegetales o alimentos de origen animal. Este tipo de microorganismos benéficos son conocidos como “probióticos”. Dichos microorganismos deben cubrir ciertos criterios para ser considerados como tal, entre los que destacan: la resistencia a sales biliares, a la acidez del estómago y a jugos gástricos, además deben poseer la capacidad de colonizar el intestino y de provocar un efecto benéfico demostrable.

Dentro de los efectos benéficos que pueden producir los probióticos se encuentran: protección contra microorganismos dañinos o patógenos a nivel intestinal o respiratorio, fortalecimiento del sistema inmune, mejoramiento de la digestibilidad, reducción del colesterol, prevención del cáncer, entro otros. Es por ello, que en todo el mundo, diferentes investigadores y empresas de alimentos o farmacéuticas se encuentran en la búsqueda de este tipo de microorganismos probióticos para su aprovechamiento. Dentro de los probióticos se encuentran las bacterias conocidas como “bacterias ácido lácticas” (BAL). En el laboratorio de microbiología de alimentos del Área Académica del Química de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, nos encontramos realizando estudios con diferentes BAL para determinar su potencial probiótico. Hemos aislado e identificado diferentes BAL a partir de vegetales crudos, quesos frescos artesanales y típicos del estado de Hidalgo, y de Pulque.

Hemos aislado un poco más de 200 cepas diferentes de BAL a las que se han identificado. A estas BAL se les ha determinado su capacidad para inhibir el crecimiento o desarrollo de bacterias dañinas o patógenas, su capacidad para crecer en presencia de sales biliares, su sobrevivencia durante el paso por el tracto gastrointestinal, su capacidad de adherencia y colonización al intestino de ratones y la protección a ratones por la invasión a sus órganos por parte de las bacterias patógenas Salmonella Typhimurium y Escherichia coli productora de toxina shiga (STEC). Estos son bacterias dañinas que se pueden encontrar en los alimentos.

Diez cepas distintas de BAL mostraron potencial para inhibir el desarrollo de las bacterias patógenas; de estas, solo cuatro fueron capaces de sobrevivir a las diferentes concentraciones de sales biliares ensayadas, y estas 4 lograron sobrevivir a su paso por la acidez estomacal y lograron adherirse y colonizar los intestinos de los ratones. No obstante, solo 2 cepa identificada como Lactobacillus pentosus y Lactobacillus plantarum fueron las cepas que lograron una mayor adherencia y colonización. En los ratones colonizados con L. pentosus y L. plantarum se inhibió la invasión de S. Typhimurium y STEC a los intestinos, hígado y bazo en comparación con el control. Los resultados muestran que tanto L. pentosus y L. plantarum pueden ser consideradas como bacterias probióticas. Hemos modificado genéticamente a estas cepas de L. pentosus y L. plantarum y estas cepas modificadas incrementaron su efecto antimicrobiano.

Actualmente nos encontramos desarrollando productos lácteos que contienen a estas bacterias probióticas; y también, microencapsulándolas para su consumo directo o bien para su incorporación a diferentes alimentos. Estas dos cepas probióticas con las que contamos podrían ser usadas por la industria de alimentos y la farmacéutica. Finalmente, tanto las dos cepas probióticas con las que contamos así como los alimentos o productos que estamos desarrollando se buscará protegerlas mediante patentes en los próximos meses.

Dr. Javier Castro Rosas

Profesor-Investigador Nivel 2 del Sistema Nacional de Investigadores

Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo

lrivera@utvm.edu.mx

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