A pesar de que el Parque Natural Río La Silla fue declarado área natural protegida, los asentamientos de viviendas irregulares en los márgenes del río son crecientes.
Se pueden observar no solo lonas con personas en situación de calle viviendo en el río a la altura de la avenida Eugenio Garza Sada, sino construcciones incluso de dos pisos, de block y cemento, con sus camionetas y autos estacionados en el río y conexiones a postes de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que cuelgan atravesando el parque y el río hasta los asentamientos irregulares, cuyas luces permanecen encendidas las 24 horas.
Si bien las invasiones de terrenos tienen causas complejas, como la pobreza, la migración y falta de acceso al crédito, son alentadas por líderes políticos, incrementándose en época de elecciones con promesas de regularización a cambio de votos.
El Parque Natural Río La Silla es uno de los principales pulmones del Área Metropolitana, que atraviesa los municipios de Monterrey y Guadalupe, aportando un gran servicio ecológico. El afluente permite que varias especies animales y vegetales tengan un hábitat ideal para su vida y conservación. Igual se pueden observar peces, garzas, pájaros carpinteros, que otras aves, ardillas, coyotes, jabalíes, osos, reptiles, insectos, etcétera.
Es visitado por cientos de personas cada día que acuden a hacer ejercicio, despejar su mente y convivir entre ellos y con la naturaleza. Es común ver a grupos de niños explorando la naturaleza bajo algunos de los sabinos más longevos del estado, ciclistas recorriendo los senderos y adultos mayores caminando por un parque bien cuidado y vigilado.
Existen riesgos derivados de estas invasiones. El primero es el riesgo a la integridad de las familias de los propios invasores, ya que una creciente de agua puede ocasionar una tragedia.
Además, las tomas irregulares a los postes de la CFE son un peligro de incendio para las viviendas y árboles del río, además del riesgo por electrocutamiento, ya que los cables están tendidos a baja altura, pasando encima de juegos infantiles.
Segundo, la seguridad hídrica se ve comprometida por la contaminación del agua, ya que dichos asentamientos por su carácter de irregulares no cuentan con conexión a drenaje sanitario y las descargas de aguas negras van a dar al río.
Tercero, el ejemplo de poder invadir los márgenes del río con total impunidad alienta a que más y más personas se apropien ilegalmente de terrenos en una reserva natural protegida, contaminando el agua, talando árboles y dañando a las especies que ahí viven.
Asociaciones de vecinos de las colonias Lagos del Bosque, Sierra Alta, Cañada del Sur y Lomas Mederos en Monterrey han manifestado a las autoridades sobre las invasiones. A pesar de ser constatadas por autoridades y la prensa desde hace tiempo, no se ha hecho nada por evitar que las invasiones y construcciones sigan creciendo en número y tamaño.
El municipio de Monterrey, el Gobierno del Estado y la Comisión Nacional del Agua deben atender esta problemática, ya que de nada sirve declarar al río La Silla área natural protegida, si no se hace nada para protegerla más allá del papel. Urge una acción coordinada para reubicar a las personas, castigar y evitar más invasiones.
Jesús Rubio Campos**Catedrático de El Colegio de la Frontera Norte AC rubio@colef.mx
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